20 noviembre 2006

Y ahora cómo cuento esto?

Estoy aquí sentado, en la terraza de nuestro piso. Todavía es de día y sopla una ligera brisa que viene del mar. Como hace tiempo que perdí el olfato necesario para distinguirlo, no tengo ni idea de si huele a sal o no. Así que el grado de poesía que puedo imprimir a mis palabras llega hasta aquí.

Supongo que este es uno de esos días que se recuerdan. De esos en los que estás deseando encontrarte con alguien conocido y decir ¿a que no sabes qué me ha pasado?

Pero empecemos por el principio. El viernes, como llovido del cielo (nunca mejor dicho), descubrí una red wifi abierta! Sin más dilación avisé al resto y nos pusimos a llamar a España. Como el nivel de señal es bastante bueno incluso me animé a descargarme un cliente torrent para bajarme alguna cosilla (muy poco a poco para que el dueño de la línea no se nos mosquee).

Enseguida se hicieron las 10 de la noche. Y esa era la hora acordada para ir de nuevo de fiesta. Nos pasaron a recoger y fuimos a una especie de residencia de franceses. Y menuda residencia. A los occidentales que vienen a trabajar aquí se les suele tratar muy bien. Cobran mucho y sus condiciones de vida deben ser las mejores, por el bien de las mismas empresas. He de decir que, a pesar de no entender nada de música, el pinchadiscos podría haberse ahorrado el trabajo. ¡Qué selección más horrible! Como es bien sabido, los franceses no tienen ninguna virtud, aunque ellos, por el milagro chovinista, crean que sí. :-p Así que esa noche no hizo sino confirmar nuestras fuentes, de las que nunca te puedes fiar del todo hasta que lo experimentas por ti mismo. Ah, tenían piscina. Claro que eso tampoco es ninguna virtud. Sólo es cuestión de tener dinero.

El sábado fuimos a la playa. Me volví a quemar. Claro que también me lo pasé genial. Había unas olas... Espectaculares. Simplemente me ponía cerca de la orilla y me dejaba engullir por frentes que eran más altos que yo. Me arrastraban, me hundían, me sacaban, me rebozaban por la arena. Y así una y otra vez. A la mañana siguiente todavía tenía granitos de cuarzo en las vías respiratorias superiores. Me lo pasé como un enano.

El domingo, como estaba quemado decidí no volver a ir a la playa. Se fueron los otros y yo me quedé esperando a que volviese la luz, que se había cortado. Pero no volvió, desde las ocho de la mañana hasta, precisamente, la hora en que volvieron mis compañeros, a la luz tampoco le apeteció volver. Así que cuando ellos llegaron volvía a haber aire acondicionado y luz para los portátiles. La verdad es que no me quejo. Nuestra cocina es de butano y me pude hacer algo para matar el hambre. Y comencé a leerme Cartas de Guerra de Lobo Antunes. En portugués, claro. Es fácil el portugués. Y en la pluma de Antunes ... me reí. Más que un libro de campaña, lo que parece, de momento, es un libro de amor desesperado. Lo mandan a la guerra de independencia de Angola (él es portugués) recién casado y con la mujer preñada de su primera hija. Precisamente esa hija y otra, que son las que han editado el libro, no han cortado nada de lo que su padre ponía. Así que el pobre Antonio (Lobo Antunes) sale siempre al borde de la desesperación, entre medio de la locura de amor, del deseo sexual y de los ataques de furia y celos porque no le llegan las cartas de su mujer.

Y por fin llegó el lunes. Como siempre, nos levantamos a las 7. Vamos al trabajo y, al llegar, nos dicen que han robado la caja fuerte. La caja donde tenemos todo el dinero. ¿Todo? Sí, todo. Adios coche, adios viajes en diciembre-navidad. Adios muchas cosas. Para mí, adiós a 5000 dólares. Como fui yo el último que se fue me preguntan si cerré bien. Como me acuerdo perfectamente digo que sí (y no miento). Así que esperamos a que llegue la policía. Nos dicen que no toquemos nada pues sacarán huellas y todo eso. Nosotros, avezados ya en el tema, después de haber visto CSI innumerables veces, asentimos, dando nuestra aprobación de expertos.

2 horas después llega la policía. Para el que crea que eso es llegar muy tarde aclarar que en Angola es lo normal. Suben 5 ó 6 e inspeccionan el lugar del robo. Sin más. ¿Eso es todo? No, es que los de las huellas aún no han llegado. Ah, vale. Pasan las horas...

Decir que no hay puertas ni cerraduras forzadas. Ni siquiera para abrir el sitio donde estaba la caja fuerte. Además, parece que fueron directos a por donde sabían que había algo.

A las 15:05 llega la policía "de huellas". 7 horas después. Es de suponer que tanta espera haya sido por una causa del tipo "vamos a preparar bien todo el material" así que me acerco a mirar qué hacen. Entran todos en la sala. Los que había antes y los nuevos. Los nuevos se ponen a observar con detenimiento, desde arriba (sin agacharse), el armario de la caja fuerte, que está a ras de suelo y no tiene más de 90cm de altura. Así durante 2 minutos. Ante semejante muestra de concentración, el resto de los policías les imitan y yo también, quedándonos todos observando el armario, como a la espera de que en cualquier momento, nos vaya a decir quién había osado abrirlo para robar. Por fin se rompe el silencio y comienzan las preguntas. ¿Quién fue el último en salir? Yo ¿Quién fue el primero en entrar? Ese no fui yo ¿Cerraste esta puerta con llave? mientras señala a la puerta del despacho, que desde que llegué siempre he visto abierta. "No" respondo. ¿Por qué? Y le contesto que nunca se cierra. Y aquí es cuando todo queda resuelto ya que, con un rápido ademán, expone sus conclusiones ante la estupefacción (admirada, por supuesto) de su audiencia: "Si no se cierra la puerta, te roban".

Y yo ... claro, si la culpa es de los padres, que las visten como putas.

Pero no acaba ahí la cosa. "Ahora es cuando sacan todo el material y comienzan a tomar huellas" pienso yo. Y precisamente, en ese momento uno de los nuevos se acerca al armario y ... posa delicadamente todos los dedos de su mano en el asa, en los bordes, en todas partes. Pide la llave para abrir la puerta, la abre. La cierra. Pregunta qué hay dentro de cada armario, de cada cajón de la sala para, a continuación, volver a estampar sus huellas en pomos y portezuelas, cajones y mesillas. Claro que si lo piensas, él ya había resuelto el caso, el culpable había sido yo por no cerrar con llave la puerta del despacho.

En fin. Alguien debe estar nadando en nuestros ahorros. Si le pillan, como ha robado a unos blancos, puede que le metan un tiro en la cabeza sin preguntar. No sé, casi prefiero que no le cojan. Pero quizá el sindicato del crimen esté aquí a la misma altura que el de la policía y mañana nos lo traigan esposado. De todas formas, las risas que me he echado hoy, a pesar de haber perdido tanta pasta, no tienen precio. Esto ya no me lo quita nadie. Ni el mejor ladrón del mundo. Bueno, si se llama Alzheimer sí, pero para eso aún queda, y, aunque acabe desplumándome, todavía podré leerme a mí mismo en el blog. ;-)

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15 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola. Me voy a Luanda en Enero para trabajar unos 6 meses. No sé nada de ese sitio, he leido tu blog y me parecio interesante. Te dejo mi email y me gustaria que conectaras conmigo porque quiero tener más información sobre Luanda y un amigo en cuanto vaya para alla. Mi email es manuelasued@hotmail.com

Gracias

martuky dijo...

La verdad es que es curioso, pero bueno... hay que tomárselo bien, al fin y al cabo es solo pasta... ¿no?

Un beset y ánimo.

Elena dijo...

Jorge me alegro mucho de que te lo hayas tomado así, cómo dice Martuky es solo dinero, aunque sea mucho..
Y sobre CSI, bueno en España tampoco creo que hubiesen encontrado tu dinero.
Un besazo.

Ruben Sancho dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ruben Sancho dijo...

Es solo dinero pero jode una barbaridad, yo por ejemplo espero salir de aqui con ahorros, una cosa mas por la que puede valer la pena estar aqui... Animo campeon

nushu dijo...

Ya está, ya lo he leído.

Que putada. Y la sensación, de que hayan entrado en tu piso. Brrrr.

Aunque mejor que sea así. Entran después de ti, y no hacen daño a nadie (sólo a tu bolsillo).

Eso si, el jefe de policia es un crack. Ni Sherlock Holmes puesto de morfina...jaja.

Nada, a ahorrar otra vez y esta vez ¡¡¡cierra la puerte del despacho!!!

Ah, y compraros un rottwailer.

Saludos...

Dani dijo...

que fuerte me parece lo de la policía, que profesionales, la puerta, aunque si la puerta hubiera estado cerrada te hubieran dicho otra cosa, como que hay que cerrar las cortinas o algo así...

Mucho ánimo Jorge!!!

Ibn Luanda dijo...

Gracias a todos por vuestros ánimos. ;-)

Anónimo dijo...

Ostras Jorgito, me da pena por ti pq eran tus ahorros y no mola lo de q entren en tu casa cuando no estás y tal...
Al menos, me encanta la forma en la q te lo tomas, eres mi ídolo, y ojalá estuvieses más cerca para recurrir a ti en todos mis momentos de tribulación!!! me das una tranquilidad impresionante!! bueno, en realidad casi q estoy en contacto permanente contigo vía msn... llevas razón, el dinero sólo es eso, dinero y gracias a Dios a vosotros no os ha pasado nada, q es lo más importante!!!
Eso sí... flipo con la poli angoleña, aunq por otro lado, tb estoy de acuerdo con un comentario de los de arriba... igual la policía española tampoco hubiese hecho mucho más...
Bueno encanto, muchísimos besos desde tierras andaluzas!!!

Popi Potter

Ana dijo...

Me alegro que lo tomes bien, fastidia pero al menos tendras cosas que contarles a tus nietos.
Ten cuidado a ver si como castigo por no haber cerrado la puerta te ponen a hacer guardia.

Ibn Luanda dijo...

Ana, tía, no me asustes. XDD

nushu dijo...

Hola, vengo a rectificar y a calmar a tu familia.

¡¡el robo fue en la oficina, no en su casa!!!

(Fue el Doctor Mandarino (naranja),con el candelabro, en la oficina) XD

Ya está.

Saludos.^_^

Ibn Luanda dijo...

Jajajaja. Gracias por la aclaración XD

Anónimo dijo...

Eso te pasa por pardillo

Ibn Luanda dijo...

XD