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08 marzo 2015

Jornadas de 20 horas semanales y estrés.

Tras un ingente esfuerzo por parte de todo tipo de profesionales del coaching, psicólogos y expertos en marketing y redes sociales, se ha vuelto más o menos de dominio público que el estrés es útil. Es decir, que forma parte de mecanismo evolutivo que nos ayuda a afrontar con éxito situaciones puntuales de peligro. Gracias a la dedicación de esas personas, sabemos que hay pues que distinguir entre ese estrés saludable (y puntual) y el estrés crónico (muy perjudicial para la salud).

A continuación nos hablan de que vencer al estrés crónico está en nuestras manos. Con el resultado evidente de que salimos súper contentos de la charla, la sesión o la lectura del artículo correspondiente.

Sin embargo, transcurridas unas horas de los beneficiosos efectos post iluminación, seguimos básicamente igual.

Para ver qué está ocurriendo escojamos a un ciudadano medio de nuestro mundo desarrollado. Llamémosle Juan.

Juan, asistente a una de esas charlas, tiene 37 años. A los 3 ya estaba yendo a la escuela. 6 horas al día. Pronto comienza a competir con sus compañeros y compañeras de clase. Y sigue haciéndolo en el instituto. Mientras, también compite en el equipo de fútbol y por unas cuantas chicas. Como termina cursando una licenciatura (o grado), acaba compitiendo a nivel académico durante 22 años en los cuales las horas de trabajo/estudio se van incrementando paulatinamente. Termina con 25, lo cual nos viene a decir que muy bien no compitió. Eso le supondrá una pequeña losa a la hora de buscar trabajo. Pero consigue ese trabajo. En él lo primero que aprende es que tiene que seguir compitiendo con el resto de sus compañeros. Ahora la carrera es otra. A los 35 tiene que ser alguien. Por supuesto es importante comprarse un buen coche, tener una buena novia y, llegado el momento, hijos. Pero las cosas en el trabajo no van como se podía esperar. Hay mucha presión. No tiene que trabajar 7 u 8 horas sino más si lo que quiere es ser ese alguien. Las cosas se complican más todavía con la crisis. Ahora tiene que trabajar 10 o 12 horas diarias, no para ascender, sino para que no le echen. Y aún así, tras 3 ERES, se encuentra en la calle. El paro no es un buen sitio donde quedarse a tomar el sol. Juan ya se ha casado y tiene mujer, una casa, dos coches y el proyecto de su primer hijo que ahora tendrá que esperar (y su mujer, de 37, que hasta entonces no había querido para seguir con su carrera profesional, dice que se le está pasando el arroz).

Juan lleva 34 años compitiendo y cuando asiste a la charla sobre el estrés para desempleados cree ver la luz. Lo único que tiene que hacer es respirar profundamente y dejar de obsesionarse con ser mejor que los demás. Buscar una empresa, una profesión que le guste y así disfrutará con ello en lugar de preocuparse con no hacerlo bien o con que su compañero de mesa lo haga mejor.

Llega a casa y se lo cuenta a su mujer. Ella le pone cara de circunstancias. Juan lleva 6 meses en paro y la crisis no parece amainar. Tras otros seis meses y 3 charlas más sobre cómo superar la ansiedad por estar desempleado, la impotencia por no encontrar empleo y otro de motivación para parados de larga duración, Juan acepta un trabajo donde le pagan 2 veces y media menos de lo que estaba cobrando antes de que le despidieran. Por supuesto, trabaja 10 horas diarias sin protestar y a final de año se congratula de que la empresa haya acabado en beneficios. Sabe que no le van a ascender ni a subir el sueldo. Se alegra porque no le van a echar. Su mujer se ha quedado embarazada. Ahora ya ni siquiera sufre estrés por competir. Ahora sufre ansiedad ante el miedo a volver a quedarse en paro. La crisis sigue y Juan no para de ver por la televisión que los políticos están todos salpicados por la corrupción.

Un día, Juan lee que en Holanda trabajan 27 horas semanales. Y que hay gente que asegura que no deberíamos trabajar más de 20 porque así todo el mundo tendría trabajo y la productividad aumentaría porque haríamos nuestras tareas más contentos y descansados.

A Juan esa idea le gusta. Sin embargo, a sus 37 años se pregunta cómo puede funcionar eso. Cuando estaba en casa buscando trabajo casi se volvía loco. Sin dinero no se puede disfrutar del tiempo libre. Si se trabajan 20 horas semanales no se tiene dinero para gastar. Además, de alguna manera, Juan tiene la sensación de que trabajando no está tan mal. Ahora que ya no está compitiendo porque se ha hecho a la idea de que triunfar no va a triunfar, se da cuenta de que le gusta estar en el trabajo. La rutina, las tareas que va completando. Le dan una sensación de ser útil. ¿Qué haría con 20 o 30 horas extra de tiempo libre sin dinero para gastar? De alguna manera Juan ha aprendido que eso de que te organicen la vida te quita mucho estrés. ¿Y no iba de eso precisamente la charla aquella que le abrió los ojos?

En la prehistoria, y también en tribus que siguen viviendo de manera similar en nuestros días, se trabajaba para subsistir, lo cual nos llevaba a hacerlo unas cuantas horas al día, no más de 3 o 4. O muchas horas durante algunos días, o incluso semanas, en las que el estrés se disparaba (con razón) mientras que a esas épocas les sucedían semanas o meses mucho más tranquilos, en los que el estrés descendía. Entonces el estrés era útil.

Había mucho tiempo libre, sí. Pero desde pequeños aprendíamos a utilizarlo. Sabíamos cómo disfrutar de él.

Sin embargo, en nuestra sociedad actual se nos enseña a obedecer órdenes durante 20 años antes de acceder al mundo laboral. Después, se nos pide que trabajemos 8 o más horas todos los días.  Y eso es simplemente para sobrevivir. Para tener el salario mínimo. Para malvivir en muchos casos. Para alcanzar un trabajo mejor probablemente hayamos tenido que estudiar muchos años y darnos de tortas echando horas extra otros muchos más.

Lo curioso es que estamos donde estamos, como civilización, porque un tanto por ciento muy pequeño, pero muy pequeño, de la población disfruta descubriendo cosas en lugar de dejando que otros piensen por ellos. Disfrutan trabajando más y más, haciendo de cada día un nuevo reto, liderando.

El resto vamos detrás. Cada vez con la lengua más afuera. No nos gusta la presión, no nos gusta el estrés, pero nos vemos obligados a hacer todo eso porque culturalmente nos han puesto la zanahoria delante de que podemos triunfar, o de que nuestros hijos podrán hacerlo. Y la perseguimos sin hacer preguntas.

En realidad, y simplificando al máximo, no somos mucho más que animales de granja que trabajan duro para que unos pocos se enriquezcan y otros pocos tengan tiempo libre para pensar.

La parte de los que amasan fortunas a nuestra costa no conlleva muchas ventajas para la humanidad. Sin embargo, que haya gente inteligente con tiempo libre, sí. Por ejemplo, gracias a ello cada cierto tiempo alguien se da cuenta de que nuestras condiciones de trabajo son peores de lo que podrían ser y hace que mejoren (hace 150 años las jornadas laborales en Europa eran de 60 duras horas). Además, gracias a que se libera y se patrocina a las mentes más brillantes gracias al esfuerzo del resto, hemos obtenido la medicina, la tecnología, el transporte, la abundancia de comida... Pero también la TV, los videojuegos, las redes sociales, los móviles, los diferentes tipos de drogas.... Gracias a estos últimos somos capaces de bajar los niveles de estrés acumulados rápidamente, sin darnos cuenta de que pasamos a depender de ellos. Es como teleportarse de la cárcel al paraíso cada día. Dos mundos que no entiendes pero que te son impuestos copan tu vida. No controlamos el tener que trabajar ni la forma de divertirnos. Pero ambas ejercen una presión tan grande sobre nosotros que hace tiempo que abandonamos toda resistencia. Nos supone tanto estrés ir contra corriente de cualquiera de las dos que ni nos lo planteamos.

Si esta es la realidad. Si de verdad lo que estamos haciendo es ofrecer tiempo libre para que los más listos de entre nosotros piensen y nos hagan la vida más sencilla, ¿por qué no lo ponemos en claro? ¿Por qué no lo marcamos como objetivo? ¿Qué sentido tiene hacerse rico, qué sentido tiene dejar que alguien se haga rico si lo que buscamos, si lo que de verdad hace que vivamos mejor es invertir en que unos pocos, los mejores, inventen mientras los demás trabajamos unas pocas horas al día?

¿Cuáles son los mejores caminos para que nuestro trabajo se invierta en que los más preparados nos hagan la vida mejor y no en que los más vivos amasen cantidades ingentes de dinero?



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28 septiembre 2014

Gala León y Jackie Robinson: la misma historia?

Casi nadie sabía quién era Gala León antes de que le nombraran la primera mujer capitana del equipo español de Copa Davis. Durante su vida deportiva vivió a la sombra de Arantxa Sánchez Vicario y Conchita Martínez. Arantxa ganó 4 títulos de Grand Slam y 29 en total llegando a ser número 1 del mundo. Conchita es la única española que ha ganado Wimbledon, y consiguió llegar a número 2 acaparando un total de 33 torneos a lo largo de su carrera. Nacidas en el 71 y en el 72,  juntas formaron un tandem temible en la Copa Federación, el equivalente femenino a la Copa Davis. La ganaron 5 veces.

Gala León nació en 1973. Un año después de Conchita y dos más tarde que Arantxa. Llegó a 29 del mundo, estuvo casi siempre entre las 100 mejores entre 1996 y 2003, siendo su mejor resultado a final de año la 32 en el 2000. Ganó un solo torneo de nivel WTA. Y en la Copa Federación apenas tuvo oportunidad de participar porque Conchita y Arantxa, además de los partidos individuales, jugaban juntas también los de dobles.

Jackie Robinson nació en 1919. Jugaba a beisbol, pero no en las grandes ligas estadounidenses. No soñaba siquiera con dar el salto. Pero un día el mandamás de los Dodgers, un equipo de las grandes ligas, le incorporó a su equipo sin consultarlo con nadie.

Gala León ha estado vinculada al mundo del tenis desde que se retiró de su práctica deportiva de competición. Ha entrenado a varias jugadores de élite y ha ocupado diferentes cargos de responsabilidad. Con 40 años ha sido elegida para capitanear el equipo de la Copa Davis español. Es la primera mujer en ocupar ese puesto. Ha sido elegida unilateralmente por el mandamás, en este caso el de la Federación española de tenis. Como Jackie Robinson lo fue por el dueño de los Dodgers.

Según la Wikipedia, "Lo que vendría después fue lo que examinó la paciencia de Jackie. Según la revista deportiva Sports Illustrated, Robinson sería objeto de epítetos racistas en lo que restaría de la temporada: recibía cartas con amenazas a muerte, lanzadores que tiraban la bola hacia su cabeza y piernas; y receptores escupiendo en sus zapatos. Además, soportó un intento de rebelión de algunos de sus compañeros, amenaza de huelga por parte de los St. Louis Cardinals, y gatos negros tirados al campo. A pesar de la presión, mantuvo el control. Por soportar todos los vejámenes con silencio se ganó poco a poco el respeto de sus compañeros y eventualmente, de sus contrincantes."

Jackie Robinson era negro, el primero en jugar en las grandes ligas.

Al igual que él, Gala León está manteniendo el control. No ha hecho ni una sola declaración altisonante. No se ha encarado con nadie.

Y eso que ha recibido las críticas de jugadores, entrenadores, periodistas, etc, incluyendo algunas claramente sexistas y bastante descarnadas de Toni Nadal, el tío y entrenador de nuestro mejor tenista de siempre. Le han acusado de no conocer el tenis masculino ni a sus propios jugadores, de no tener experiencia entrenando jugadores masculinos y, en definitiva, de no estar preparada. Incluso una mujer tenista, como Vivi  Ruano, parecía asombrada por su elección, aunque un par de días después pasó a apoyarla junto a Conchita Martínez. También de su parte se ha puesto Andy Murray, que fue formado tenísticamente por su madre, y en estos momentos tiene como entrenadora a la ex número 1 Amelie Mauresmo.

Con suerte, dentro de unos años el mundo del tenis responderá a este tipo de situaciones como lo ha hecho David Ferrer, que ha acabado apoyando a su capitana. Un David Ferrer más maduro que hace 6 años, cuando le dijo a una juez de silla en el Abierto de Estados Unidos: "Eres una chica, las chicas no son capaces de hacer nada, nada".

Con no tanta suerte, puede que, como dice Tomás Carbonell, Toni Nadal haya fallado en las formas (machistas) pero no en el fondo. Puede que Gala León no esté tan preparada como lo estaba Jackie Robinson, que era un jugador excepcional, y que la cosa acabe como con la designación a dedo de Orenga como entrenador del equipo español de baloncesto. Puede que la Federación de Tenis y la de Baloncesto estén nadando en dinero, gracias a la coincidencia de dos generaciones excepcionales de jugadores, y ya no estén dirigidas por gente a la que le importa el deporte. En ese caso, la designación de Gala León, más que ayudar a la igualdad de la mujer, acabará por dificultarla.

Recomendación cinematográfica: 42. La película de Jackie Robinson.

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04 abril 2014

Sex at Dawn

I am reading the book of that name. An australian man who I met in a hostel in Belfast recommended it to me after a very interesting talk. And it is amazing. The most amazing book I have read in years. Maybe in all my life.

The book is mainly an antropologic text. It talks about our ancestors. Not only about our homo sapiens ancestors but also about our hominid ones. I had already read books of, between others, Jared Diamond and Marvin Harris, two famous anthropologists. I also knew several things about compared cognition between humans and other mammals. And I had also read, just last summer, in a Social Psychology text, that it is possible that prehistoric populations were more pacific because they did not have anything to protect. They were nomads. They had not fields, nor animals, nor houses.

Until now I had always believed that the discovery of agriculture and livestock was a total win for our species. How could it not be that way? Agriculture provided us of easy cereals, fruits and vegetables in a increasing quantity. And livestock? Instead of being obliged to hunt, we had domestic animals that we could eat whenever we wanted. That easy access to food allowed us to have more free time to create art, writings, and every discovery or invention we have made.

However, it is no that easy. There are increasing evidences, coming from many different disciplines, saying that our prehistoric ancestors did not live that bad. And, the more astonishing thing. They probably enjoyed their lifes much more than we do. However, the most incredible thing you are going to listen is that they had the better gender equality our species have ever had. And they got it through sex. Open, concupiscent, joyful, extramarital and shared sex.

Even more, what we have always considered as the beginning of civilitation, the discovery of agriculture and livestock, also brought us materialism, war and sexism. When we noticed that we had things to maintain, we started feeling possessiveness, being suspicious against foreigners and considering everything as an object, something to get. Including women.

Since the "wheel" of civilization was discovered it have never stopped rolling. The civilizations have prospered conquering new territories to feed their rising populations. Peaceful, prehistoric groups have dissapeared, pushed out their resources, killed, slaughtered or integrated into the new way of doing things. Day by day, century by century, materialism has won the war. There is no more space in our world to think different. The wheel is not a wheel. Is a monstrous engineering, made of mass media, money, religion, power and culture.

In that situation, "Stop the world, I am get off" acquires sudden sense. However, to get off is not possible anymore. Not in our world full of materialism, advertisement and cultural agreements. And, if you had not noticed it yet, everyone in history who tried to just live apart from "civilization" failed. And paid or is paying it with its life.

I almost started this blog talking about San People. I want to finish this post with them too. They are one of the latest prehistoric people still alive in our planet. They do not work more than three hours a day. They are nice, polite, smiling, joking and peaceful. They have no possesions. They are, or used to be, nomads, and women have a high, equal, status in its society. However, they have also been pushed out their original territories for centuries. And they are one of the last examples of how we treat not "culturised" people.

San People teaches us how to achieve gender equality, peace and joy. Prehistoric people had it all too. Will we learn their lessons? Could we integrate them in our fast rolling world?

Sex at Dawn. The book. 

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21 octubre 2013

¿Por qué le gusta el sexismo al cerebro?

Al mismo tiempo que en nuestro país aparecen trabajos contándonos que el machismo está creciendo entre los adolescentes españoles, en Japón su juventud pasa olímpicamente de tener relaciones (hasta un 61% de mujeres de entre 18 y 34 no tienen una y lo mismo para un 49% de los hombres de la misma edad).

¿Por qué en España hay adolescentes que prefieren estar en una mala relación, sometidas a maltrato físico y/o psicológico antes que estar solas, como tantos jóvenes japoneses? En los artículos de El País y The Guardian se profundiza mucho sobre las razones de cada uno de los dos fenómenos. Se nombra a los medios de comunicación, a las exigencias culturales, a la publicidad, a los libros, a las películas o a los videojuegos. Pero al final, no deja de resultar curioso cómo todas esos factores sirven para explicar una situación y también la otra. ¿Cómo es eso posible? ¿Por qué las películas hacen que los japoneses no busquen pareja y que los españoles mantengan cada vez más relaciones de maltrato? ¿Qué hace posible esta aparente contradicción? La respuesta no es otra que aquello que compartimos todos los seres humanos del planeta, nuestro cerebro.

Ese maravilloso órgano nuestro tiene, como ya hemos dicho alguna vez, una función principal: la supervivencia de la especie. Y trabaja de manera incansable para conseguirla. Día y noche. Con o, las mayoría de las veces, sin nuestro conocimiento o consentimiento. ¿Y qué pauta principal sigue nuestro cerebro para que la especie sobreviva? Acercarse a lo placentero y alejarse de lo que no lo es.

Esta regla tan simple es la que gobierna nuestras vidas. A veces puede parecer que no es así porque las personas nos comportamos de formas muy distintas, más si pertenecemos a diferentes culturas, a diferentes generaciones o a diferentes sexos. No obstante, lo único que muestran esas diferencias de comportamiento entre seres humanos es qué hemos aprendido que es placentero o doloroso para cada uno de nosotros.

Otra cosa a tener en cuenta acerca de esta regla es que nuestras elecciones vitales no tienen por qué ser siempre sencillas, como escoger entre una cosa buenísima y otra malísima. En muchas ocasiones nos tocará, a falta de algo mejor, quedarnos con la opción menos mala. Algo que, visto desde fuera, puede hacer creer a los demás que estamos eligiendo de manera estúpida o incoherente.

Profundizando un poco en la biología de este tema, el cerebro tiene todo un sistema, llamado de recompensa, encargado de aprender qué es bueno o qué no nos gusta. Este sistema es bastante primitivo, evolutivamente hablando. Esto quiere decir que es completamente irracional y automático, tanto como lo es en un cocodrilo o en una rata. Lo que ocurre con este sistema en el ser humano es que está conectado a las áreas que son propiamente nuestras, las que nos hacen seres racionales, nuestra corteza prefrontal. Pero eso no nos hace tener mucha ventaja. La inmensa mayoría de las veces, nuestro llamado cerebro racional está completamente subyugado a ese primitivo sistema de recompensa. Y, en el mejor de los casos, lo necesitamos para tomar cualquier decisión (algo de los que nos hablan Damasio y su marcador somático).

Además, ese sistema de recompensa es absolutamente cortoplacista. Toma las decisiones en función de lo buenas o malas que son ahora, no dentro de unas horas o de unos años. Y ese cortoplacismo es mayor cuanto menos influencia conseguimos que tenga nuestra corteza prefrontal.

Partiendo de esto que ya sabemos vamos a analizar los casos del machismo y de la soltería creciente en España y Japón.


¿Por qué se impone el modelo del maltrato?

Siguiendo nuestras hipótesis de partida, el sexismo debe tener algo bueno para nuestro cerebro. ¿En qué consiste? ¿Por qué nuestro cerebro prefiere a veces exponernos a ese maltrato a no hacerlo? Estamos ante un caso en el que la persona que sufre el maltrato elige seguir sufriéndolo. Y esto sucede porque, simplemente, cree que la alternativa al mismo es peor.

Una característica de nuestro sistema de recompensa es que es bastante vulnerable a una forma de presentar los reforzadores, premios o situaciones placenteras de nuestra vida. Cuando dichas situaciones placenteras aparecen de manera continuada o previsible dejamos de sentirnos atraídos con el tiempo. Sin embargo, cuando los reforzadores surgen de manera intermitente, sin avisar, los buscamos con ahínco. Es por eso que nos gusta tanto jugar a la lotería mientras que cobrar a fin de mes mola al principio, pero luego ya no tanto.  En una relación de maltrato, los inicios suelen ser muy pasionales, se produce un enamoramiento rápido e intenso y, cuando el vínculo está afianzado y nuestro cerebro acostumbrado a su dosis diaria de placer, pero no cansado, ese placer desaparece y se torna en violencia verbal. La salida para un espectador externo sería sencilla: deja a esa persona. La salida cortoplacista para el cerebro implicado es "quiero seguir recibiendo mi dosis, esto ha debido ser un error". O, volviendo al ejemplo de la lotería: "seguro que la siguiente vez me toca, ya me tocó antes". También hay que decir que a este deseo inicial se une la imaginación. Así, se tiende a imaginar que se va a estar bien o que nos va a volver a tocar la lotería. Y ese placer, a falta del que ofrezca la realidad, le suele bastar al cerebro en muchos casos. Obviamente, si la situación se mantuviese siempre en la fase de violencia verbal y/o física, hasta el más adicto de los cerebros acabaría cansándose, pero lo que caracteriza a las relaciones de maltrato es un proceso en espiral (creciente): maltrato - disculpas - pasión - maltrato... De esta forma, el cerebro de la persona maltratada se encuentra con la peor de las situaciones de cara a una elección correcta: va a recibir recompensas intermitentes, super adictivas, rodeadas de situaciones de maltrato cada vez mayores.Y elegirá quedarse, claro, porque considerará que es mejor eso que quedarse sin nada. Como hemos dicho, desde fuera la elección parece completamente incoherente. No obstante, el cerebro de la implicada (o implicado, que los hombres también pueden sufrirlo) está optando, a corto plazo, por el mal menor. Porque ésa, como hemos dicho, es otra de las cosas que caracteriza a nuestro sistema de recompensa. Si en una situación de alta carga emocional fuésemos capaces de mirar a largo plazo tomaríamos mejores decisiones, pero nadie nos enseña que eso sea posible. Ni tampoco cómo hacerlo posible.

Lo que, en cambio, si sucede, es que las películas, los libros, la cultura, los videojuegos o la música nos enseñan lo contrario, a seguir a nuestras emociones. Y así nuestro cerebro está indefenso cuando se encuentra en tesituras como las del maltrato, que atacan tan certeramente a nuestro sistema de recompensa.

Lo de los japoneses creo que os lo dejaré a vosotros. ¿Por qué un cerebro elegiría quedarse soltero en un contexto como el suyo?

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11 octubre 2013

El primer beso, sexismo y diferencias culturales

Según la teoría de la disonancia cognitiva, las personas no quieren plantearse si sus actos pasados han sido incorrectos sino sentirse bien con ellos. Siguiendo un razonamiento parecido, un amigo me recordó hace poco algo (bien) sabido: es mucho más fácil sentir atracción por alguien y dejarte llevar si tienes las pulsaciones altas, si estás riéndote, si estás emocionalmente inestable, si acabas de pasar por algún peligro y, por supuesto, si has bebido alcohol. En esas circunstancias es mucho más sencillo que la chica, que es la que suele tener ese derecho en nuestra cultura, acepte, o quiera, un primer beso. Y una vez aceptado será mucho más sencillo que racionalice a favor del beso que en contra.

Por eso suele ser mejor la ambivalencia a la hora de ligar. Que no sepan si estás o no estás. Que crean que puedes estar con cualquiera. Esto hace que aparezca la duda, los nervios, que se incrementen las pulsaciones, y que terminen racionalizando que sienten algo por quien les hace estar así. "Hace un momento estaba conmigo, nos lo estábamos pasando genial. Pero ahora se va y está hablando con esa otra, con ese otro o se ha puesto a bailar él solo como si nada más le importase". Así, los celos o la envidia podrían no ser otra cosa que una cronificación inconsciente de este cambio de sensaciones. De ese estar pasándolo bien gracias a otra persona u objeto a que, de repente, ese objeto o persona desaparezca y con él el pasárselo bien.

Si se consigue que el proceso se repita lo suficiente el cerebro manda tantas señales de "quiero volver a sentir eso" que la persona, a no ser que haga un gran esfuerzo consciente en contra, termina por concluir que se siente atraída, o que incluso lo necesita para pasárselo bien. Y tras ese tipo de racionalización quedan pocas cosas que hacer. Pero ni siquiera es necesario llegar a la racionalización. Después de que se produzcan repetidamente ese tipo de sensaciones ya quedarían pocas cosas que hacer. Porque lo normal, lo que hacemos casi siempre, es creer a pies juntillas a nuestros sentimientos y sensaciones. Y racionalizar como sea para estar de acuerdo con ellos.

Alguien podría decir que que los ricos, los famosos o los atractivos ligan más. Es cierto. Pero es por las mismas reacciones bioquímicas. Ocurre que parten con ventaja porque a la gente le sube el pulso cuando está frente a alguien así. Proyectan el llamado efecto halo del que ya hablamos en otra ocasión. Y, como tienen un estatus alto, ni siquiera se tienen que preocupar por desaparecer y mostrarse ambivalentes: habrá otras personas que quieran captar su atención facilitándoles la tarea.

No obstante, leí hace poco un estudio que decía que hay culturas que consiguen no seguir a ciegas esos sentimientos. Así, aunque lo que contaba arriba es una realidad, su influencia disminuye enormemente cuanto más igualitaria es la cultura. Es decir, la forma de ligar cambia, la chica se vuelve más racional y se puede dar tiempo, días, semanas, para examinar al candidato detenidamente. No es que no siga sus sentimientos a ciegas sino que dispone de toda una serie de mecanismos aprendidos que le previenen contra ellos. Entre otros, quizá el más importante sea que su cultura le enseña desde que nace que no necesita al hombre para sentirse a gusto o segura. Y le ofrece alternativas para que así sea. Así, cuando hay un tío que les entretiene lo aceptan, pero si desaparece tienen recursos suficientes para no echarlo de menos en absoluto. Cuando el tío vuelve, se encuentra con que a la chica no le ha cambiado demasiado el pulso, apenas siente nada extra.

De esta forma, lo que busca una mujer de un hombre varía mucho según la cultura, derivándose de ello consecuencias importantes. Hace 35 años, cuando las mujeres no podían acceder a muchos puestos de trabajo en España, tenían que apechugar con una desigualdad enorme en las relaciones. Esta desigualdad estaba culturalmente aceptada como la forma más sencilla de sacar las familias adelante. Y lo estaba porque confluían una moral católica muy fuerte y una ausencia grande de puestos de trabajo. Con la democracia las cosas han ido cambiando. Pero no tanto. En lugar de producirse un machismo explícito, ahora se produce un insidioso machismo benevolente, que es bien aceptado por muchas mujeres y adolescentes pero igualmente dañino pues mantiene la creencia, que además se transmite por vía materna, de que la mujer es inferior y necesita al hombre. Por eso, las estadísticas no paran de recordarnos que España sigue sin ser un país igualitario. Estamos muy lejos de Noruega, por ejemplo, donde se está comprobando cómo los niños empiezan a no tener vergüenza de comportarse como "niñas". O de Holanda, donde hace un año no paré de ver mujeres conduciendo tractores, camiones o pilotando barcos, tareas que en nuestra cultura estarían reservadas al sexo masculino.

En cualquier caso, no hay que olvidar que el hombre también se encuentra atado de pies y manos en una cultura sexista. Si se comporta "como una mujer", mostrando sus sentimientos, siendo abierto, cariñoso, presumido o empático, tanto mujeres como hombres le mirarán raro. Es así. Por muy mal que suene, en culturas sexistas, las mujeres buscan que los hombres dominen y los hombres buscas que las mujeres dependan de ellos.

Por último, resulta curioso cómo los llamados mitos del amor se pueden convertir en un buen indicador de lo sexista que es una cultura y de la bioquímica subyacente, que hace que sigamos a nuestras sensaciones como si de leyes se tratasen. Estos mitos (media naranja, de los celos, de la pasión eterna, de la omnipotencia del amor, de la equivalencia entre amor y enamoramiento...), con una alta aceptación en la cultura española, alimentan la dependencia y la desigualdad.

Además, esos mitos son potenciados por la publicidad, las películas, las canciones, las series, los videojuegos, el alcohol y las fiestas o los libros. Todos esos medios de entretenimiento no sólo enseñan, lucrándose con ello, que esas creencias son correctas, sino que lo hacen explotando la misma bioquímica para que su lucro se eternice. De esa forma, nuestro cerebro practica una y otra vez la búsqueda en el exterior de cosas que nos hagan felices, volviéndonos dependientes de ellas y perdiendo el control de nuestras vidas. Es decir, las nuevas generaciones, lejos de estar mejor preparadas para separar sensaciones de acciones, lo están cada vez menos, son cada vez más incapaces de producir su propia felicidad.

¿Y qué solución hay? La de Noruega. Que el estado se implique en cambiar las cosas, alentando la igualdad, desde que los niños empiezan el colegio.

Felices primeros besos a todos ;-)

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01 octubre 2013

Vipássana: la técnica.

En el anterior artículo habíamos visto qué buscaba Buda cuando inventó la técnica. Quería, como buen hinduista, no alterar su karma, separar sus acciones de sus instintos aumentando sistemáticamente la consciencia de los mismos.

Buda perseguía con ello alcanzar el paraíso de su religión, abandonar la rueda de reencarnaciones. Hoy en día, en cambio, lo que le interesa a la ciencia, y no poco, son las consecuencias prácticas de la técnica que inventó.

Parece que Buda se dio cuenta, ya en aquella época, de que las emociones llevan asociadas sensaciones corporales. Cuando vemos, oímos, tocamos, olemos o saboreamos algo, nuestro cuerpo reacciona automáticamente provocando una sensación corporal. Ver una serpiente hace que nuestro cuerpo se ponga en tensión, oír a un niño llorar despertará a cualquier progenitor por dormido que esté, tocar algo suave nos inducirá calma, oler algo en estado de descomposición hará que queramos alejarnos de un lugar y sentir cómo un trago de agua fresca recorre nuestra sedienta boca nos tranquilizará, relajando nuestros músculos.

Estas respuestas naturales tan características son, en principio, sólo corporales. Implican aumento o disminución del torrente sanguíneo, estado o no de alerta… No son conductas aprendidas sino que tienen un factor genético muy fuerte. Una persona que nunca haya visto una serpiente siempre sentirá que su cuerpo se pone en tensión al ver una por primera vez.

Lo que ocurre es que nuestro cerebro inmediatamente aprende a asociar y memorizar situaciones y sus sensaciones con sentimientos agradables o desagradables. Esos sentimientos agradables se producen al activarse nuestros circuitos de recompensa, de tal manera que nos volvemos adictos a ese tipo desensación. Nos gusta. “Sentimos” que es buena y tendemos a buscarla.

Lo contrario sucede cuando nuestro cuerpo se encuentra con sensaciones desagradables. Recuerda que las últimas veces que se encontró con ellas hubo peligro y no quiere volver a exponerse a ellas. Las “sentimos” como malas. Tendemos a evitarlas.

Ahora bien, aprender a buscar lo satisfactorio y evitar lo doloroso es una capacidad que tiene cualquier vertebrado. Pero el ser humano viene con un par de extras. Por un lado, somos capaces de aprender un lenguaje y asociar palabras e historias a sensaciones. Con lo cual no necesitamos que una situación nos provoque una sensación. Nos basta con pensar en la situación, sin necesidad de vivirla. Además, podemos incluso tener las sensaciones de otro a través de la llamada empatía.

Estas capacidades nos han dado enormes réditos como especie. Durante decenas de miles de años hemos sido capaces de imaginar situaciones peligrosas sin necesidad de exponernos a ellas, elaborando así estrategias de futuro sin correr riesgos. También hemos sido capaces de aprender de nuestros errores rememorando hechos pasados. Asimismo, a través de la empatía, hemos creado vínculos sociales cada vez más fuertes y extensos, lo cual nos ha protegido frente a todo tipo de peligros.

Estas tres cosas eran realmente útiles cuando nos jugábamos la vida día tras día en la prehistoria. Pero desde que el hombre descubrió la agricultura empezamos a disfrutar de algo que, hasta entonces, era un bien escaso: el tiempo libre.

Por así decirlo, hasta entonces los seres humanos siempre andaban apretándose el cinturón para llegar a fin de mes. Sin control sobre lo que iban a poder obtener de la naturaleza, cada hombre, mujer y niño de una tribu, incluyendo los supuesto jefes o chamanes, tenían que implicarse al máximo en todo tipo de tareas esenciales para la supervivencia (y ni así lo conseguían en muchos casos). En cambio, cuando surgen la agricultura y la ganadería resulta posible almacenar alimentos, todo se vuelve menos peligroso (salvo que al aglomerarnos somos más vulnerables a epidemias), y aparece una figura encargada de gestionar las reservas. Esa persona encargada está todavía menos expuesta a peligros vitales, y como tiene el alimento de la tribu en sus manos, adquiere poder y, gracias a él, tiempo libre, al menos para sus allegados..

Sin embargo, de la genética no se libra nadie. El cerebro de esa persona sigue siendo el de un ser humano, preparado para recordarle errores pasados y advertirle sobre el futuro. Durante todas las horas del día, durante todos los días de su vida. Y como no hay nada vital sobre lo que elucubrar se dedica a rememorar o advertir acerca de trivialidades. Trivialidades que, a base de ser repetidas una y otra vez, se vuelven importantes. Esto es con lo que se encontró Buda, que era un príncipe con mucho tiempo libre en una sociedad de agricultores ganaderos, y lo que Buda trató de resolver. Y también es con lo que nos encontramos en nuestro mundo moderno, una de las incomodidades que nos ha traído el estado de bienestar.

¿Cómo lo intentó resolver aquel príncipe? Como hemos dicho, se dio cuenta de que había una conexión permanente entre sensaciones corporales, sentimientos y palabras (dichas, escuchadas o pensadas). Se dio cuenta de que el karma aumentaba porque sus actos obedecían inmediatamente a sus sensaciones corporales. Eso a veces resultaba correcto (reacción frente a serpientes). Sin embargo, en otras ocasiones esas sensaciones corporales nada tenían que ver con el presente. Eran fruto de un pensamiento, de un recuerdo, de una fantasía. Y su cuerpo las seguía también. Así que inventó una técnica para ponerse en medio y que la conexión sensación-acción no fuese inmediata. Una técnica que le diese tiempo para decidir qué hacer. Y lo más importante, ideó un contexto que permitía que cualquiera, en un corto espacio de tiempo, fuera capaz de darse cuenta de que ponerse en medio era viable y beneficioso. 

Ese contexto, el contexto en el que se desarrolla la práctica de Vipássana, es muy, muy importante. Durante 10 días, las personas, voluntariamente, se abstienen de hablar, mirar o intentar comunicarse de cualquier forma con otras personas. También se abstienen de entretenerse con cualquier cosa (TV, Internet, escritura, pintura, rezos, lectura, ejercicio físico, personas del sexo contrario). La técnica se practica durante 10 horas al día, al final de las cuales se escucha una charla aclaratoria, en la que se alienta y se previene sobre posibles errores.

La técnica no es difícil. Básicamente consiste en estar atento a tus sensaciones corporales, cuando tú quieres, de una manera sistemática, sin importar cuáles sean. Así, te terminas dando cuenta de que las sensaciones no tienen por qué ser seguidas de una acción. El dolor, el placer, la búsqueda de sensaciones perdidas por no tenerlas a tu alcance en tu aislamiento, el picor, el sudor, todo deja de molestarte o apetecerte, todo pierde fuerza con el tiempo. Porque te das tanto tiempo que no puede ser de otra manera. También los pensamientos, que van y vienen durante la práctica, pierden fuelle cuando no les haces caso. Y, al cabo de las más de 100 horas de meditación e introspección que tiene el curso de 10 días, te das cuenta de dos cosas. Primero de que estás agotado. Segundo, de que no es necesario seguir a tus sentimientos o a tus sensaciones, y de que es mucho más difícil de ver en tu mundo, lleno de entretenimiento y cosas que hacer inmediatamente.

Ya desde un punto de vista psicológico, la técnica es espectacular. Cumple todos los requisitos de éxito terapéutico, comenzando por conseguir que una persona se comprometa a seguir un tratamiento, lo cual es el principal indicador de éxito del mismo. Por otra parte, los tratamientos intensivos se han demostrado al menos igual de eficaces que los de larga duración en multitud de terapias. Y la técnica en sí, consistente en observar tus sensaciones, lleva más de 20 años utilizándose con éxito en la Universidad de Massachusetts, en pacientes con estrés crónico.

Además, la meditación es un elemento que aparece de manera recurrente en las llamadas Terapias de 3ª Generación, las más modernas y con mayor soporte científico de las existentes en la actualidad. La meditación no es para estas terapias, que consiguen muy buenos resultados en todo tipo detrastornos, algo de carácter esotérico. Es una técnica que permite a la persona no dejarse llevar por los impulsos que le han dado problemas históricamente. Por ejemplo, para la más extendida de todas, para la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT en inglés), meditar ayuda a mejorar la llamada defusión (separar sentimientos y pensamientos de acciones).

Otro término muy en boga últimamente en los tratamientos psicológicos es el llamado Mindfulness, o atención plena. Mindfulness es una carácterística de la meditación e incide en la necesidad de permanecer atento en la vida cotidiana, apreciando cada momento porque es el único sobre el que tenemos auténtico control. Advierte acerca de que no podemos cambiar el pasado por mucho que pensemos en él. Y de que tampoco podemos cambiar el futuro por mucho que lo imaginemos. Pero si no paramos de pensar en uno y otro, perdemos el presente. La atención plena te enseña a estar centrado en lo que sucede ahora mismo.

Así, la meditación, ya sea como un ingrediente de una terapia o de forma aislada, funciona. Cada vez más estudios así parecen indicarlo. Pero aprender a meditar no es fácil (yo lo había intentado unas cuantas veces). Y, aunque se aprenda, es como cuando te sacas el carnet de conducir, los automatismos que realmente te benefician, que puedes aplicar a la vida cotidiana, no llegan hasta que has conducido un mínimo de 50.000 km. Vipássana te ofrece las dos cosas: primero la oportunidad de sacarte el carnet en un corto espacio de tiempo, de forma gratuita (si quieres, cuando terminas el curso, puedes donar algo, pero nadie te pide que lo hagas). Y luego te previene de que, para obtener los mejores resultados, practiques todos los días.

Enlace a la web de Vipássana.
Libro de meditación para niños. Recomendada para que aprendan a no dejarse llevar por sus impulsos.
Libro con la técnica de Kabat-Zinn.
Manual de ACT.


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01 septiembre 2013

Nadal y cuándo disfrutar del sufrimiento

Rafael Nadal es un deportista de élite. Uno muy bueno. Probablemente el mejor que ha habido en España. Eso tiene un gran ventaja para los españoles y es que semana tras semana podemos leer sus declaraciones en castellano. Y, como esas declaraciones suelen alejarse de las típicas frases inconexas de otros deportistas patrios, han surgido a su alrededor toda una serie de periodistas que van más allá del titular, intentando, a través de sus declaraciones y de su juego, desentrañar las claves de su fortaleza mental.

Porque el punto fuerte de Nadal es su mente. Una mente quizá no diferente a la del resto, pero que ha sido y es esculpida día a día por un entorno familiar donde se sabe lo que significa competir a alto nivel. No obstante, su carrera deportiva ha tenido muchos altibajos. Durante 2011, en una época de crisis tras perder repetidamente contra Djokovic, salieron a la luz unas declaraciones en las que hablaba de lo mucho que le había exigido su entrenador, y tío, Toni. No durante ese año. No. Lo mucho que le había exigido cuando era un niño. Nadal ganó su primer partido ATP (competiciones de nivel mundial) con 15 años. A los 19 recién cumplidos ganó su primer Roland Garros. De modo que aquellas declaraciones hablaban de la forma que tenía de entrenarse mucho antes de aquello. De los años que forjaron su carácter. No trascendió mucho más acerca de los métodos que utilizaba su tío para entrenarle. Sólo que Nadal los consideraba en esos momentos de crisis, de frustración por las repetidas derrotas con Nole, demasiado duros para un niño. 

Sin embargo, pasaron los meses y Nadal, lejos de seguir compadeciéndose, entrenó con más ahínco, cambió su juego y comenzó a hablar en las conferencias de prensa de que una de las claves de su mejoría consistía en disfrutar del sufrimiento. Había pasado de quejarse de lo duros que habían sido sus entrenamientos cuando era un niño a apreciarlos. Cuando, poco después, tuvo que parar durante 7 meses debido a una lesión en su rodilla, es muy probable que esa mentalidad le ayudase y se afianzase, pues frases de ese estilo han copado las entrevistas que le han hecho desde su regreso. 

¿Pero qué es eso de disfrutar con el sufrimiento? ¿Es Nadal masoquista? ¿Disfruta con cualquier clase de sufrimiento? Hasta donde sabemos, Nadal ha aprendido desde niño a permanecer tranquilo en situaciones de tensión. ¿Pero de verdad permanece tranquilo? Él dice que no. Que siente nervios como todo el mundo. Que la diferencia es que se toma su tiempo a pesar de ello para pensar. Y eso es lo realmente difícil. La tendencia general de las personas es a evitar las situaciones de tensión tomando decisiones rápidas. Decisiones de huida hacia adelante (ataque) o de huida hacia detrás. La tensión nos hace sufrir. Y la gente no quiere sufrir. Así que acorta el sufrimiento. 

Pero el asunto es que esa tendencia de acortar el sufrimiento tiene todo el sentido del mundo. Si es algo tan común, y es absolutamente común, quiere decir que nos ha servido para sobrevivir como especie. Es decir, como regla general, grabada a fuego en nuestros genes, acortar el sufrimiento es muy útil. Muy útil para la especie. Es probable que por eso los entrenamientos de Rafa fueran y sigan siendo tan duros. Desde pequeño su tío le ha hecho ir contra su herencia genética, contra todos sus instintos, al alargar los periodos de sufrimiento mucho más allá de lo normal. 

¿Por qué lo ha hecho entonces, por qué lo ha aceptado? ¿Qué le ha llevado a ir contra la naturaleza humana, convirtiéndose en un maestro en ello? ¿Cuál es su motivación? En sus comparecencias Nadal también lo explica. Aprendiendo a disfrutar de esos momentos de tensión tiene más tiempo para encontrar la mejor opción. No tomando decisiones rápidas por querer evitarse el miedo, zambulléndose y aceptando que el miedo es una parte natural de la vida, es capaz de superarse día a día en lo que él considera importante. Y aquí está un poco la clave. Nadal ha aprendido a sufrir, y a disfrutar de ese sufrimiento, siempre que se lo encuentre en el camino de lo que él considera importante. Ha descubierto una y otra vez que es necesario para superarse que, más que ganar, es lo importante para él. 

Más que ganar, sí. Porque ganar no es su objetivo último. Para este chico, eso dice él también, lo más importante es mejorar. Aunque tampoco importa cuál sea el campo de mejora o que le lleve a ser rico y famoso. Como bien dicen su tío y él, no es bueno pensar que se es mejor que los demás por ser más capaz de lanzar una pelota al otro lado de una red.

Así, lo importante no es la actividad donde lo ha conseguido, sino que ha aprendido a aceptar que el sufrimiento es una parte esencial de la vida y que, si se interpone entre uno mismo y sus objetivos vitales, sus valores, su superación personal, hay que aprender a aguantar. Y, con el tiempo, disfrutar de ello. Hasta el punto de hacerlo y explicarlo frente a una audiencia de millones de personas. 

Lo cual, como decía, es un privilegio para los españoles, que lo vemos más que nadie porque nuestros medios le dan prioridad, debido a sus triunfos, semana tras semana. 

Entrevista a Toni Nadal en Jotdown. 
Artículos sobre Rafa Nadal en Tennis.com
Artículo (uno de entre muchos) de Juan José Mateo sobre la fortaleza mental de Nadal.


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30 agosto 2013

Sobre el liderazgo femenino

A pesar de ser un tema candente en nuestra sociedad, donde existe una enorme desproporción entre el número de hombres y mujeres en altos cargos, y también en el salario que cobran unos y otras por realizar el mismo trabajo, los últimos descubrimientos psicológicos vienen a decirnos que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Lo que ocurre es que los hombres nos sentimos mal si las mujeres lo hacen mejor que nosotros. Algo que no sucede cuando las cosas son al revés. 

Las mujeres se alegran si nosotros ascendemos. Y como los seres humanos intentamos evitar el sufrimiento, lo que acaba pasando es que los que llegan arriba son los hombres. Así no sufrimos. 

Las mujeres, por otro lado, se quedan como están. Y también disfrutan, o al menos evitan el sufrimiento de ver cómo los hombres sufren. El resto de argumentaciones para justificar la situación suelen ser a posteriori y sin mucho sentido. Muchas de esas justificaciones podrían calificarse de machismo, ya sea claro o encubierto. Pero no dejan de ser justificaciones que tienen su origen en no querer sufrir viendo a una mujer ascender. 

Desde el punto de vista de los derechos de igualdad esta situación pasa por ser demencial. Pero va a seguir siendo así hasta que exista un toma de consciencia auténtica sobre qué es más necesario para nuestra sociedad, si que hombres y mujeres disfrutemos a corto plazo o que tengamos los mejores líderes. 

Enlace al artículo de la Wikipedia sobre Liderazgo transformacional.
Enlace a un extenso artículo sobre liderazgo transformacional. 
Enlace al metanálisis sobre diferencias de género en liderazgo transformacional.
Enlace al documento del INE sobre la desigualdad de género en altos cargos.
Enlace al artículo sobre cómo se sienten los hombres cuando sus parejas les superan. 
Enlace al apartado sobre sexismo ocupacional de la Wikipedia.


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26 agosto 2013

Ouija, radiestesia y otros movimientos involuntarios

Otro fantástico artículo en Mind Hacks. En esta ocasión nos encontramos con el "Efecto ideomotor", un fenómeno durante el cual realizamos movimientos sin darnos cuenta, sin ser conscientes, a pesar de percibir sus consecuencias. Esta falta de causas percibidas nos ha llevado tradicionalmente a considerar dichas experiencias como paranormales o, al menos, de difícil explicación. Curiosamente, la demostración de la existencia de dicho fenómeno tiene más de 100 años. Más de un siglo en el que el dicho conocimiento se ha mantenido más oculto que los fenómenos que puede explicar y cuyos seguidores o creyentes son legión.

Enlace al artículo.

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23 diciembre 2012

El sentido de la fe


¿Qué es la fe? ¿Para qué sirve? ¿Supone una ventaja o una desventaja?

La fe se puede definir como el conjunto de creencias de una persona o de un grupo. Y nadie se libra de ella. Ni siquiera los flamantes científicos armados con su brillante método: 2 de cada 3 de los estudios que se publican se muestran falsos al intentar replicarlos. Incluso las personas mejor preparadas se dejan llevar por sus creencias y manipulan o tergiversan los resultados de sus experimentos para que estén de acuerdo con sus hipótesis iniciales. Y si el porcentaje de errores, aplicando la mejor herramienta que conocemos para ser objetivos, es de un 67% ¿a cuánto se elevará en la vida cotidiana la influencia de la fe?

¡Pero oiga! El hombre es un animal racional, ¿no? La respuesta es básicamente ésa: no. Es cierto que resulta mucho más agradable pensar que sí lo somos, pero la mayoría, la inmensa mayoría de nuestros razonamientos, son a posteriori. Es decir, razonamos después de actuar. Intentamos explicarnos a nosotros mismos por qué hemos hecho algo de una u otra forma, pero casi siempre después de, no antes. Y, al igual que nos gusta pensar que somos racionales (porque la alternativa no es muy agradable), también nos gusta dar razones placenteras, que concuerden con nuestras creencias o valores, a nuestros actos pretéritos.

Lo curioso es que todos somos así. Ese no ser racional está en nuestros genes. Nuestro cerebro no es una máquina sino que funciona tomando decisiones por la vía emocional. Y no le ha ido mal. Hemos sobrevivido. Con lo cual, de alguna forma, esta forma de funcionar ha de ser adaptativa, útil. O lo que es lo mismo, sin la fe nos habríamos extinguido.

Ésta es la hipótesis del documental Homo Sapiens-Prehistoria, de Juan Luis Arsuaga. En él se ofrece una explicación a por qué el ser humano se aventuró más allá de las más altas montañas y los más profundos océanos. Normalmente se da por cierto que de África salieron los primeros hombres obligados por la enorme sequía que asolaba el continente. Pero ¿qué les llevó a cruzar el congelado estrecho de Bering a pie? ¿y a escalar los Alpes, o el Himalaya? ¿Qué les impulsó a enfrentarse al océano y navegar durante días sin rumbo hasta llegar a Australia? ¿Fueron impulsados por una fe irracional, pero útil para la especie? ¿Les guiaron los más fervientes de entre ellos haciendo del Sol, Las Montañas o el Océano su dioses? Es posible.

¿Entonces está el ser humano preparado para ser un creyente? No sólo eso, sino que ser un gran creyente le ofrece una ventaja a quien lo es. ¿Ejemplos? Una de las características principales de las personas creativas es la enorme fe que depositan en sus ideas. Una persona muy segura de si misma (algo que objetivamente no podría darse), atrae mucho más que una dubitativa. Este deseo de seguridad lo utilizan las religiones o, más bien, los líderes religiosos. Imponen un orden, que les suele beneficiar más pronto que tarde, a cambio de ese plus que da creer en algo.

Y, sin embargo, ninguno de los dioses que se han ido revelando, a los distintos profetas que han existido, han tenido a bien contarnos nada acerca de las características del mundo que no podemos captar con nuestros sentidos. Ninguno de esos dioses nos habló nunca del espectro electromagnético no visible (de los Rayos X, por ejemplo) o de los electrones. Ninguno nos explicó la fotosíntesis, las vacunas, la penicilina o el ADN. Curiosamente, ninguno de esos dioses nos descubrió nada que no fuera conocido ya en la época de sus apariciones.

Si estamos donde estamos es gracias a gente que tuvo más fe en si misma que la que le ofrecían sus dioses.  Los seres humanos sobrevivimos como especie gracias a creencias inquebrantables, personales o grupales (aunque no fuera lo único que nos ayudó). Y, aunque se equivocaran en un 67% de las veces, los científicos han hecho nuestro planeta mucho más habitable. La pregunta es, ¿ahora que nuestra especie no corre peligro, no convendría alimentar nuestra capacidad de creer con nuevos objetivos? ¿Por ejemplo, con el de incrementar un poco ese 33% de resultados válidos alcanzados gracias a la fe y al método científico?


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05 octubre 2012

Fragile Childhood

El vídeo lleva 1,700.000 visitas en un mes. Ha sido creado por una ONG finlandesa que, desde 1986, está intentando concienciar a la gente del daño que sufren los niños de padres alcohólicos, o que beben de manera irresponsable mientras están al cuidado de sus hijos.


Los hijos de padres alcohólicos no sólo ven monstruos cuando son pequeños. Durante la adolescencia y en la edad adulta serán más proclives a tener problemas con adicciones, incluyendo el alcoholismo, de personalidad, ansiedad o depresión. Si bien haber tenido un progenitor alcohólico no implica necesariamente nada de eso, parece como si esta circunstancia actuase a modo de multiplicador de problemas.

Más grave es todavía que el niño o la niña sufra abusos sexuales. Al agravamiento de los síntomas anteriores se une la probable aparición de la esquizofrenia. Una asociación alemana creó una campaña hace unos años sobre el tema.



Lo peor de todo es que es que esos problemas psicológicos pasan de generación en generación. Padres con trastornos psiquiátricos, ya sean estos adicciones, depresiones, tendencia a los malos tratos, o comportamientos erráticos, machismo, etc. tienden a tratar a sus hijos, inconscientemente, de manera que también los adquieran, perpetuándolos.

La toma de conciencia de estos comportamientos patológicos es esencial para poner freno a la transmisión de los mismos. Estas dos asociaciones, la alemana y la finlandesa, lo saben y se lo toman como hay que hacerlo, en serio.

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Enlace a estudios longitudinales sobre la influencia de haber tenido un progenitor alcohólico.
Enlace a un artículo de El Mundo donde habla de abusos sexuales en la infancia y esquizofrenia.

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12 septiembre 2012

La radio, ese cajón de sastre

Mi radio :-)
Hace cosa de un mes me compré una radio. Básicamente la más barata que había que funcionase con batería, reprodujese mp3 y tuviese críticas no demasiado negativas por internet. Es tan simple que ni siquiera tiene dial. Almacena las emisoras que se detectan en mi casa y paso de una a otra dándole a un botón. Cuando empiezo a escuchar nunca sé en qué emisora he caído. Y no crean, tampoco es tan grave el asunto. De hecho hasta le he conseguido encontrar ventajas. Por ejemplo, como no sé qué emisora suena, suelo tener menos prejuicios hacia lo que se habla.  Es cierto que, si estoy el tiempo suficiente, suelo hacer elucubraciones acerca de cuál puede ser. Pero, como tampoco sigo mucho la radio, me sorprendo a menudo equivocándome en mis suposiciones.

Pues bien, esta noche me he puesto la radio para fregar. Tenía para un buen rato y me ha dado tiempo de escuchar una media hora de programa. Cuando he empezado a hacerlo parecían estar hablando sobre los derechos de las chicas de 16 años. Sobre si tienen o no la madurez para decidir, sin el conocimiento de sus padres, acerca de si continuar o no con un posible embarazo. Parecía que las tertulianas, todas chicas, estaban de acuerdo en que era difícil que esa madurez existiese. Los padres tenían que estar ahí y las chicas de 16 años necesitaban apoyarse en ellos. Incluso una, percibiendo cierta endeblez en el argumento, añadía que, aun en el caso de que los padres no fuesen buenos padres, la niña de 16 años debía tomar su decisión junto con ellos. Poco menos que para darles otra oportunidad de serlo (olvidando posibles maltratos, vejaciones, etc.). Llegado a este punto he comenzado a tener prejuicios. Ya sé de qué pie cojea esta cadena, me he dicho. Pero lo mejor estaba por llegar.

Al momento han pasado el turno a los oyentes y ha llamado un tipo hablando de que la madurez depende de la persona. Que llevaba 30 años estudiando el tema. Y yo me he dicho: vaya, alguien que parece saber de lo que habla. Hasta que ha dicho su nombre completo y que se dedicaba a la dactilopsicología. Y yo he pensado: ahora a este pseudocientífico lo echan a patadas...

Pues no. Le han ofrecido ir al programa cuando quiera. Han hecho publicidad de un libro suyo y le han tenido el triple de tiempo que a cualquier otro oyente.

Los últimos 5 minutos de fregoteo estaba tan cabreado que me metía mentalmente con cualquier cosa que dijesen las tertulianas. Pensándolo fríamente lo hacían bastante bien. Eran educadas, cortaban cuando tenían que cortar y animaban a los oyentes en todo momento. En casi cualquier otro contexto me hubieran gustado seguro.

Y al final las sorpresas: el programa no iba sobre el aborto, sino sobre el desarrollo (o declive) de las capacidades mentales a lo largo de la vida. No es un mal tema, la verdad. Y era Radio Nacional. La noche en vela.


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Enlace al programa donde, también en RNE, Luis Alfonso Gámez desmonta la dactilopsicología.

Enlace a una interesante teoría, ésta sí científica, que nos habla de la influencia cultural en el declive cognitivo. Viene a decir que aquellas culturas en cuyo lenguaje no existe la posibilidad de hablar de declive éste no se produce.

Enlace al fenómeno del prejuicio retrospectivo. Aquel que utilizaba Watson para, una vez que Sherlock Holmes le ha explicado cómo resolver un caso, decir que él también lo podría haber hecho. O como el que yo utilizaría si supiese qué emisora estoy escuchando para decir, a posteriori, que la podría haber adivinado (lo cual he visto que no es cierto).

Enlace a El cerebro ético, de Michael Gazzaniga. Una visión neurocientífica de los problemas éticos que se plantean habitualmente.

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14 agosto 2012

La inteligencia es la gran (des) conocida

Hace ya más de 100 años que el primer test de inteligencia (serio) vio la luz. Lo desarrolló un francés, Alfred Binet, publicándolo en 1905. El test apareció en un contexto nuevo para la época. Por aquel entonces Francia había decidido que todos los niños de entre 6 y 14 años debían estar escolarizados. A Binet le encargaron que  idease un método para colocar a los niños en diferentes clases en función de su capacidad.

Un siglo después, la inteligencia se ha convertido en lo que mejor sabe medir la ciencia psicológica. Aprovechándose de diferentes operaciones estadísticas y de miles y miles de pruebas realizadas en cada población del planeta, se han ido mejorando los test que la miden, adaptándolos a diferentes culturas y niveles socioeconómicos o de edad. Ninguna otra característica no visible, no medible directamente del ser humano, se cuantifica, ni de lejos, con tanta exactitud.

¿Pero qué es eso que sabemos medir tan bien? Según la Asociación de Psicólogos Americana, inteligencia es la:

habilidad de comprender ideas complejas, de adaptarse eficazmente al entorno, así como el de aprender de la experiencia, en encontrar varias formas de razonar, de superar obstáculos mediante la reflexión

Definida así, a día de hoy también se está más o menos de acuerdo en que inteligencia hay sólo una (se le suele llamar factor "g"). No hay inteligencias múltiples, como propone Gardner ni tampoco inteligencia emocional, de la que habla Goleman. Más bien se podría decir que de lo que hablan esos autores (el primero sin ninguna base científica y el segundo con alguna) es de capacidades. Pero como pusieron "inteligencia" en la portada de sus libros ahora son ostensiblemente más ricos y famosos.

Sí sabemos que la inteligencia es hereditaria. Mucho. Y que varía poco a lo largo de la vida. Tiene una base neurofisiológica que podemos traducir en la capacidad de interconectar y relacionar diferentes partes de nuestro cerebro. Algo que se realizaría desde una zona llamada corteza prefrontal, mucho más desarrollada en los humanos que en otros primates, siendo casi inexistente en la mayoría de los demás vertebrados (con excepciones, claro).

También está bastante comprobado que la inteligencia se relaciona, enormemente, con el éxito académico. Algunos estudios le llegan a otorgar más del 60% de la responsabilidad (siendo otros factores como la personalidad, el origen sociocultural, económico, etc. responsables del otro 30-40%). Con esas cifras en la mano, muchos críticos le dan la vuelta a la tortilla diciendo que los test de inteligencia no miden la inteligencia, sino la capacidad académica. Además se apoyan en que esos mismos niños que puntúan alto en los test, si fuesen tan inteligentes, una vez abandonado el mundo académico serían capaces de, siguiendo la definición dada arriba, adaptarse al mundo adulto y tener éxito. Y eso no ocurre tan a menudo (el estudio que mejor trata a la inteligencia como responsable del bienestar en la vida adulta no le otorga más del 20% de la responsabilidad!!).

Quizá sea verdad eso de que no se está midiendo bien la inteligencia. ¿Deberíamos abrirnos a la posibilidad de que haya más de una?

Como hemos visto antes, la inteligencia es lo que mejor hemos aprendido a medir. Supongamos que eso es cierto. ¿Qué puede estar ocurriendo para que se dé tal cambio al llegar a la edad adulta? ¿Por qué la gente inteligente no triunfa -tanto- en la vida? ¿Se requieren otra serie de habilidades? Sin duda. ¿Se les puede llamar inteligencia a esas habilidades? No. ¿Son las personas inteligentes menos capaces de desarrollar esas habilidades? Al contrario. La inteligencia es una capacidad que engloba a cualquier aprendizaje. ¿Qué ocurre entonces?

Pensemos en el lugar en el que podemos "encontrar" la inteligencia: el cerebro. Sabemos que el cerebro humano es el que más tiempo tarda en adquirir todo su potencial. Por ejemplo: un mono de 2 años tiene las mismas o más capacidades cognitivas que un niño de 2 años. La diferencia es que el mono apenas podrá adquirir más porque su cerebro ya no se desarrollará a partir de esa edad y el cerebro del niño seguirá haciéndolo hasta, a veces, bien entrada la veintena.

¿Y qué hace el cerebro mientras se está desarrollando, hasta esa veintena de años? Adaptarse al ambiente en lo posible. ¿Y cuál es el ambiente al que se tiene que adaptar un ser humano hasta llegar a la veintena? Principalmente, al escolar. Por eso existe esa enorme correlación entre inteligencia y éxito académico. Porque mientras nuestro cerebro se desarrolla, lo que más le exige es lo académico. Y también por eso, al abandonar ese ámbito, muchos de los niños más inteligentes se encuentran perdidos. Su cerebro se ha adaptado a un mundo que, de repente, ya no existe.

Porque, durante años y años, los profesores, los padres y la sociedad en general, han premiado a los niños que sacaban buenas notas y resolvían las tareas académicas. Con lo cual esos niños no se necesitaban buscar recompensas de otro estilo: ya tenían todas las que precisaban. En cambio, niños menos inteligentes, al no recibir las recompensas académicas, dadas en exclusiva a los primeros de la clase, se ven forzados a buscarlas en otra serie de capacidades: habilidades sociales, deporte, arte, etc. Capacidades que los más inteligentes no tocarán pues no las "necesitan" para tener éxito cuando son jóvenes.

¿Qué ocurre cuando llega la veintena? Que todos, sin excepción, han de salir al mundo real. Cada uno con las habilidades que su cerebro haya fortalecido hasta entonces. Cuando los que sólo han fortalecido las académicas se encuentran con el nuevo panorama su cerebro ya no es, ni mucho menos, tan flexible. En cambio, los demás, que se dispersaron más, puesto que no obtenían suficiente recompensa con sus logros académicos, estarán mejor preparados.

De todo esto se desprenden varias cosas:

  • la inteligencia es como la altura, el color de ojos, los padres... te ha tocado la que tienes. Hay que aceptarlo y sacarle el máximo provecho. Como al resto de tus características inamovibles.
  • la inteligencia, dentro del modelo académico actual, se utiliza en demasiados pocos ámbitos. No se enseñan metódicamente, como se pueden enseñar otra materias, habilidades sociales, empatía, arte... Y si se enseñan se hace minusvalorándolas. Si esto cambiase tendríamos que las personas más inteligentes, al igual que el resto, estarían mucho mejor preparadas para servir a la sociedad, lo cual redundaría en beneficio de todos. 
  • la inteligencia, como capacidad para enfrentarse a situaciones nuevas,  no se utiliza en casi ningún ámbito una vez abandonado el mundo académico. Porque la mayor parte de la sociedad no estaba dentro del reducido grupo que obtenía las alabanzas continuas de los profesores. Y como no las obtenían, no desarrollaron su inteligencia para enfrentarse a problemas complejos.
  • desde las escuelas se está premiando continuamente la inteligencia y no el esfuerzo. Con ello conseguimos gente inteligente inadaptada y gente no tan inteligente que no rinde lo que podría porque los docentes les dejan de lado. Gente inteligente a la que le encanta pensar en abstracto y gente, el resto, que aborrecen hacerlo. 

Lo más curioso de todo es que las personas inteligentes no necesitan apenas a los profesores. Captan las estrategias de aprendizaje al vuelo. Y los que no lo son tanto mejoran ostensiblemente si los profesores se esfuerzan en enseñarles estrategias de aprendizaje. Pero los profesores se sienten mejor pensando que la responsabilidad de que los alumnos buenos vayan bien sea suya. Y, de la misma forma, prefieren pensar que los que no van tan bien no tienen remedio.

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15 abril 2012

Caída libre

Si dos piedras son, salvo en su masa, exactamente iguales, ¿cuál llegará antes al suelo si las tiramos a la vez desde una altura de 3 metros (subido a una mesa)? 


El 65% de los alumnos de 4º de primaria (8 años) dirá que llega antes la más pesada. Otro 15% dirá que llega antes la ligera. 

Pero lo realmente llamativo es que, si se hace el experimento y se comprueba que llegan a la vez, sólo el 26% de los que hicieron una predicción errónea (pues tenían una creencia previa errónea), se darán cuenta de su error. El resto "percibirán" que su respuesta era la adecuada. Permanecerán en su error mientras las pruebas no sean irrefutables. Y aun entonces es posible que asocien la discrepancia a un error en el experimento... 

Visto en el libro Aprendizaje e Intrucción de Richard Mayer. El experimento lo hicieron Chinn y Malhotra en el marco de su trabajo sobre cómo enseñar ciencia en las escuelas. 

Nota: los adultos, debido a la experiencia acumulada, tenemos más creencias previas acerca de las cosas. Y más difíciles de cambiar...




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25 enero 2012

El término medio: ¿drogas y adicción van siempre juntos?

Stanton Peele es un psicólogo que ha ido siempre contracorriente. En 1975 fue el primero en escribir un libro que relacionaba amor y adicción. En él sentaba las bases de lo que ha sido su trabajo posterior: la adicción no es una enfermedad sino una forma, como otra cualquiera, de afrontar las vicisitudes de la vida. Las adicciones, a las drogas, al amor, al juego, a internet, al trabajo, al sexo..., nos ofrecen satisfacción rápida y nos permiten evitar el sufrimiento que conlleva afrontar los desafíos vitales. La manera saludable de vivir sería afrontarlos. Las adicciones consiguen que no tengamos que hacerlo. No evitan ese sufrimiento a costa de frenar nuestro crecimiento personal


Así, Peele sostiene que una persona tendrá más posibilidades de convertirse en adicta cuanto menos capacidades tenga de enfrentar los problemas cotidianos, o los grandes problemas.

En su último libro, Addiction Proof Your Child, habla de cómo dotar a los hijos de las herramientas necesarias para que no caigan en la tentación de los atajos.

El libro empieza, como no podría ser de otra manera, rompiendo esquemas:  "Un estudio de campo encontró que la experimentación moderada con las drogas caracterizaba a los adolescentes más psicológicamente saludables, mientras que el uso reiterado y la abstinencia eran ambos signos de un peor ajuste".  Aquí pueden leer ese estudio, que ya cuenta con 22 años.

Stanton Peele en la Wikipedia (sus libros, como la página de la Wikipedia, sólo están en inglés).

10 provocativos puntos (pero ciertos) que toca su último libro.

Web de Stanton Peele, donde se pueden descargar los primeros capítulos de Love and Addiction, su primer libro ya descatalogado.

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10 enero 2012

(Grandes) Diferencias de personalidad entre hombres y mujeres

Imaginemos dos pueblos, Villarriba y Villabajo. La distancia (d) entre ambos se puede medir en función de tres coordenadas: latitud (a), longitud (b) y altura (c).

Imagen tomada de
http://www.geometriadinamica.cl/
Hasta ahora parece que, en cuestión de diferencias individuales de personalidad, se había seguido el siguiente método para calcular la distancia: si la diferencia en altitud es de 3000m., en longitud es de 3000m. y en latitud es de 3000m., entonces la diferencia total es la media de las tres: 3000m.

Con esa forma de medir, prácticamente no se encontraba distancia entre hombres y mujeres, y la que había se solía explicar mediante un rasgo llamado "Sensibilidad", que en algunos sitios se denominada directamente "Masculinidad/Feminidad"

Pero, como se puede ver en la figura de arriba, la distancia auténtica (d, que ahora pasa a llamarse D)  es de casi 5200m. (utilizad el teorema de Pitágoras un par de veces para calcularlo).

Aplicando el "nuevo" método, el Multivariado, y no a 3 sino a 16 variables de personalidad, las diferencias entre hombres y mujeres parecen haberse disparado (lo cual es una gran novedad).


Y lo que es más, aunque la "Sensibilidad" sigue siendo la característica que más aporta a las diferencias, ha perdido importancia con respecto al total. Así, con el nuevo método, casi cada rasgo que conforma la personalidad de una persona contribuye a que se diferencie, de forma global, de otra del sexo contrario. Es decir, uno a uno, los 16 rasgos que conforman nuestra personalidad (según la mejor de las aproximaciones), pueden no mostrar que exista una gran diferencia entre sexos, pero si van añadiéndose a la distancia total con el nuevo método, ésta sí se incrementa espectacularmente. Puede que incluso sea eso, ese total, lo que percibimos cuando pensamos que hombres y mujeres somos tan diferentes.

En realidad, en el estudio realizado con una muestra de 10.261 norteamericanos (mitad hombres, mitad mujeres), mayoritariamente de raza blanca (70%) y con niveles superiores de estudios, se han introducido otro par de novedades a la hora de realizar los cálculos. Pero la diferencia principal, como se observa en el gráfico, proviene del cambio en la forma de medir esa distancia. Con el nuevo método, en el "peor" de los casos, hombres y mujeres sólo nos solapamos en un 10%. Con el método antiguo las semejanzas oscilaban entre el 70 y el 90%, que es lo que aparece en  los manuales de psicología y se enseña y aplica en las universidades.

Enlace al estudio en PloS ONE. El test de personalidad que se ha empleado es el 16pf5 Quinta Edición.

Enlace al artículo de El País donde lo he visto. El artículo es un poco lioso porque, primero, mezcla dos estudios diferentes, uno para las diferencias en inteligencia y éste para las de personalidad. Y segundo, hace ver que los investigadores del estudio de personalidad se decantan por la versión evolutiva, cuando en el estudio sólo se habla de ella como el extremo de un continuo de resultados, el extremo en el que las diferencias entre sexos son mayores. El estudio no se decanta por esa vertiente, al menos de forma explícita, sino que, ante las diferencias manifiestas entre las teorías existentes hoy en día, se marca como objetivo hacer medidas más exactas que ayuden a elegir una teoría integradora.

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