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08 marzo 2015

Jornadas de 20 horas semanales y estrés.

Tras un ingente esfuerzo por parte de todo tipo de profesionales del coaching, psicólogos y expertos en marketing y redes sociales, se ha vuelto más o menos de dominio público que el estrés es útil. Es decir, que forma parte de mecanismo evolutivo que nos ayuda a afrontar con éxito situaciones puntuales de peligro. Gracias a la dedicación de esas personas, sabemos que hay pues que distinguir entre ese estrés saludable (y puntual) y el estrés crónico (muy perjudicial para la salud).

A continuación nos hablan de que vencer al estrés crónico está en nuestras manos. Con el resultado evidente de que salimos súper contentos de la charla, la sesión o la lectura del artículo correspondiente.

Sin embargo, transcurridas unas horas de los beneficiosos efectos post iluminación, seguimos básicamente igual.

Para ver qué está ocurriendo escojamos a un ciudadano medio de nuestro mundo desarrollado. Llamémosle Juan.

Juan, asistente a una de esas charlas, tiene 37 años. A los 3 ya estaba yendo a la escuela. 6 horas al día. Pronto comienza a competir con sus compañeros y compañeras de clase. Y sigue haciéndolo en el instituto. Mientras, también compite en el equipo de fútbol y por unas cuantas chicas. Como termina cursando una licenciatura (o grado), acaba compitiendo a nivel académico durante 22 años en los cuales las horas de trabajo/estudio se van incrementando paulatinamente. Termina con 25, lo cual nos viene a decir que muy bien no compitió. Eso le supondrá una pequeña losa a la hora de buscar trabajo. Pero consigue ese trabajo. En él lo primero que aprende es que tiene que seguir compitiendo con el resto de sus compañeros. Ahora la carrera es otra. A los 35 tiene que ser alguien. Por supuesto es importante comprarse un buen coche, tener una buena novia y, llegado el momento, hijos. Pero las cosas en el trabajo no van como se podía esperar. Hay mucha presión. No tiene que trabajar 7 u 8 horas sino más si lo que quiere es ser ese alguien. Las cosas se complican más todavía con la crisis. Ahora tiene que trabajar 10 o 12 horas diarias, no para ascender, sino para que no le echen. Y aún así, tras 3 ERES, se encuentra en la calle. El paro no es un buen sitio donde quedarse a tomar el sol. Juan ya se ha casado y tiene mujer, una casa, dos coches y el proyecto de su primer hijo que ahora tendrá que esperar (y su mujer, de 37, que hasta entonces no había querido para seguir con su carrera profesional, dice que se le está pasando el arroz).

Juan lleva 34 años compitiendo y cuando asiste a la charla sobre el estrés para desempleados cree ver la luz. Lo único que tiene que hacer es respirar profundamente y dejar de obsesionarse con ser mejor que los demás. Buscar una empresa, una profesión que le guste y así disfrutará con ello en lugar de preocuparse con no hacerlo bien o con que su compañero de mesa lo haga mejor.

Llega a casa y se lo cuenta a su mujer. Ella le pone cara de circunstancias. Juan lleva 6 meses en paro y la crisis no parece amainar. Tras otros seis meses y 3 charlas más sobre cómo superar la ansiedad por estar desempleado, la impotencia por no encontrar empleo y otro de motivación para parados de larga duración, Juan acepta un trabajo donde le pagan 2 veces y media menos de lo que estaba cobrando antes de que le despidieran. Por supuesto, trabaja 10 horas diarias sin protestar y a final de año se congratula de que la empresa haya acabado en beneficios. Sabe que no le van a ascender ni a subir el sueldo. Se alegra porque no le van a echar. Su mujer se ha quedado embarazada. Ahora ya ni siquiera sufre estrés por competir. Ahora sufre ansiedad ante el miedo a volver a quedarse en paro. La crisis sigue y Juan no para de ver por la televisión que los políticos están todos salpicados por la corrupción.

Un día, Juan lee que en Holanda trabajan 27 horas semanales. Y que hay gente que asegura que no deberíamos trabajar más de 20 porque así todo el mundo tendría trabajo y la productividad aumentaría porque haríamos nuestras tareas más contentos y descansados.

A Juan esa idea le gusta. Sin embargo, a sus 37 años se pregunta cómo puede funcionar eso. Cuando estaba en casa buscando trabajo casi se volvía loco. Sin dinero no se puede disfrutar del tiempo libre. Si se trabajan 20 horas semanales no se tiene dinero para gastar. Además, de alguna manera, Juan tiene la sensación de que trabajando no está tan mal. Ahora que ya no está compitiendo porque se ha hecho a la idea de que triunfar no va a triunfar, se da cuenta de que le gusta estar en el trabajo. La rutina, las tareas que va completando. Le dan una sensación de ser útil. ¿Qué haría con 20 o 30 horas extra de tiempo libre sin dinero para gastar? De alguna manera Juan ha aprendido que eso de que te organicen la vida te quita mucho estrés. ¿Y no iba de eso precisamente la charla aquella que le abrió los ojos?

En la prehistoria, y también en tribus que siguen viviendo de manera similar en nuestros días, se trabajaba para subsistir, lo cual nos llevaba a hacerlo unas cuantas horas al día, no más de 3 o 4. O muchas horas durante algunos días, o incluso semanas, en las que el estrés se disparaba (con razón) mientras que a esas épocas les sucedían semanas o meses mucho más tranquilos, en los que el estrés descendía. Entonces el estrés era útil.

Había mucho tiempo libre, sí. Pero desde pequeños aprendíamos a utilizarlo. Sabíamos cómo disfrutar de él.

Sin embargo, en nuestra sociedad actual se nos enseña a obedecer órdenes durante 20 años antes de acceder al mundo laboral. Después, se nos pide que trabajemos 8 o más horas todos los días.  Y eso es simplemente para sobrevivir. Para tener el salario mínimo. Para malvivir en muchos casos. Para alcanzar un trabajo mejor probablemente hayamos tenido que estudiar muchos años y darnos de tortas echando horas extra otros muchos más.

Lo curioso es que estamos donde estamos, como civilización, porque un tanto por ciento muy pequeño, pero muy pequeño, de la población disfruta descubriendo cosas en lugar de dejando que otros piensen por ellos. Disfrutan trabajando más y más, haciendo de cada día un nuevo reto, liderando.

El resto vamos detrás. Cada vez con la lengua más afuera. No nos gusta la presión, no nos gusta el estrés, pero nos vemos obligados a hacer todo eso porque culturalmente nos han puesto la zanahoria delante de que podemos triunfar, o de que nuestros hijos podrán hacerlo. Y la perseguimos sin hacer preguntas.

En realidad, y simplificando al máximo, no somos mucho más que animales de granja que trabajan duro para que unos pocos se enriquezcan y otros pocos tengan tiempo libre para pensar.

La parte de los que amasan fortunas a nuestra costa no conlleva muchas ventajas para la humanidad. Sin embargo, que haya gente inteligente con tiempo libre, sí. Por ejemplo, gracias a ello cada cierto tiempo alguien se da cuenta de que nuestras condiciones de trabajo son peores de lo que podrían ser y hace que mejoren (hace 150 años las jornadas laborales en Europa eran de 60 duras horas). Además, gracias a que se libera y se patrocina a las mentes más brillantes gracias al esfuerzo del resto, hemos obtenido la medicina, la tecnología, el transporte, la abundancia de comida... Pero también la TV, los videojuegos, las redes sociales, los móviles, los diferentes tipos de drogas.... Gracias a estos últimos somos capaces de bajar los niveles de estrés acumulados rápidamente, sin darnos cuenta de que pasamos a depender de ellos. Es como teleportarse de la cárcel al paraíso cada día. Dos mundos que no entiendes pero que te son impuestos copan tu vida. No controlamos el tener que trabajar ni la forma de divertirnos. Pero ambas ejercen una presión tan grande sobre nosotros que hace tiempo que abandonamos toda resistencia. Nos supone tanto estrés ir contra corriente de cualquiera de las dos que ni nos lo planteamos.

Si esta es la realidad. Si de verdad lo que estamos haciendo es ofrecer tiempo libre para que los más listos de entre nosotros piensen y nos hagan la vida más sencilla, ¿por qué no lo ponemos en claro? ¿Por qué no lo marcamos como objetivo? ¿Qué sentido tiene hacerse rico, qué sentido tiene dejar que alguien se haga rico si lo que buscamos, si lo que de verdad hace que vivamos mejor es invertir en que unos pocos, los mejores, inventen mientras los demás trabajamos unas pocas horas al día?

¿Cuáles son los mejores caminos para que nuestro trabajo se invierta en que los más preparados nos hagan la vida mejor y no en que los más vivos amasen cantidades ingentes de dinero?



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04 abril 2014

Sex at Dawn

I am reading the book of that name. An australian man who I met in a hostel in Belfast recommended it to me after a very interesting talk. And it is amazing. The most amazing book I have read in years. Maybe in all my life.

The book is mainly an antropologic text. It talks about our ancestors. Not only about our homo sapiens ancestors but also about our hominid ones. I had already read books of, between others, Jared Diamond and Marvin Harris, two famous anthropologists. I also knew several things about compared cognition between humans and other mammals. And I had also read, just last summer, in a Social Psychology text, that it is possible that prehistoric populations were more pacific because they did not have anything to protect. They were nomads. They had not fields, nor animals, nor houses.

Until now I had always believed that the discovery of agriculture and livestock was a total win for our species. How could it not be that way? Agriculture provided us of easy cereals, fruits and vegetables in a increasing quantity. And livestock? Instead of being obliged to hunt, we had domestic animals that we could eat whenever we wanted. That easy access to food allowed us to have more free time to create art, writings, and every discovery or invention we have made.

However, it is no that easy. There are increasing evidences, coming from many different disciplines, saying that our prehistoric ancestors did not live that bad. And, the more astonishing thing. They probably enjoyed their lifes much more than we do. However, the most incredible thing you are going to listen is that they had the better gender equality our species have ever had. And they got it through sex. Open, concupiscent, joyful, extramarital and shared sex.

Even more, what we have always considered as the beginning of civilitation, the discovery of agriculture and livestock, also brought us materialism, war and sexism. When we noticed that we had things to maintain, we started feeling possessiveness, being suspicious against foreigners and considering everything as an object, something to get. Including women.

Since the "wheel" of civilization was discovered it have never stopped rolling. The civilizations have prospered conquering new territories to feed their rising populations. Peaceful, prehistoric groups have dissapeared, pushed out their resources, killed, slaughtered or integrated into the new way of doing things. Day by day, century by century, materialism has won the war. There is no more space in our world to think different. The wheel is not a wheel. Is a monstrous engineering, made of mass media, money, religion, power and culture.

In that situation, "Stop the world, I am get off" acquires sudden sense. However, to get off is not possible anymore. Not in our world full of materialism, advertisement and cultural agreements. And, if you had not noticed it yet, everyone in history who tried to just live apart from "civilization" failed. And paid or is paying it with its life.

I almost started this blog talking about San People. I want to finish this post with them too. They are one of the latest prehistoric people still alive in our planet. They do not work more than three hours a day. They are nice, polite, smiling, joking and peaceful. They have no possesions. They are, or used to be, nomads, and women have a high, equal, status in its society. However, they have also been pushed out their original territories for centuries. And they are one of the last examples of how we treat not "culturised" people.

San People teaches us how to achieve gender equality, peace and joy. Prehistoric people had it all too. Will we learn their lessons? Could we integrate them in our fast rolling world?

Sex at Dawn. The book. 

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17 agosto 2013

A 300-year drought

When I was at High School I started to read about History. I had studied it at school before but I had never read a book of that subject by myself. So I decided to read a history encyclopedia. Volume 1, then volume 2, and so on. I think it didn't work very well. It is true that it was interesting but I do not remember many things about those readings.

However, when I was at university, studying an engineering, I found a book that changed my point of view. It was a book about the history of archaeology and, as you can read in Wikipedia, Gods, Graves and Scholars covers GreekEgyptianMesopotamian, as well as MexicanCentral American, and South American archaeology. Since then, the origin of our european civilitation, around all those ancient middle east empires, became my favourite period to read about.

It was there where agriculture, livestock and writing started and spread all over the world. And different empires from there dominated his world until a collapse around 1200 BC. 

A new study has found that a three hundred years drought could have caused the fall. 

A climate change. Another one. 

Books I would like to recommend:

  • Guns, Germs and Steel. Jared Diamond.
  • Collapse: How Societies choose to fail or succed. Jared Diamond
  • Gods, Graves and Scholars. C.W. Ceram
  • The secret of Hittites. C.W. Ceram
  • The Egyptian. Mika Waltari.



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23 diciembre 2012

El sentido de la fe


¿Qué es la fe? ¿Para qué sirve? ¿Supone una ventaja o una desventaja?

La fe se puede definir como el conjunto de creencias de una persona o de un grupo. Y nadie se libra de ella. Ni siquiera los flamantes científicos armados con su brillante método: 2 de cada 3 de los estudios que se publican se muestran falsos al intentar replicarlos. Incluso las personas mejor preparadas se dejan llevar por sus creencias y manipulan o tergiversan los resultados de sus experimentos para que estén de acuerdo con sus hipótesis iniciales. Y si el porcentaje de errores, aplicando la mejor herramienta que conocemos para ser objetivos, es de un 67% ¿a cuánto se elevará en la vida cotidiana la influencia de la fe?

¡Pero oiga! El hombre es un animal racional, ¿no? La respuesta es básicamente ésa: no. Es cierto que resulta mucho más agradable pensar que sí lo somos, pero la mayoría, la inmensa mayoría de nuestros razonamientos, son a posteriori. Es decir, razonamos después de actuar. Intentamos explicarnos a nosotros mismos por qué hemos hecho algo de una u otra forma, pero casi siempre después de, no antes. Y, al igual que nos gusta pensar que somos racionales (porque la alternativa no es muy agradable), también nos gusta dar razones placenteras, que concuerden con nuestras creencias o valores, a nuestros actos pretéritos.

Lo curioso es que todos somos así. Ese no ser racional está en nuestros genes. Nuestro cerebro no es una máquina sino que funciona tomando decisiones por la vía emocional. Y no le ha ido mal. Hemos sobrevivido. Con lo cual, de alguna forma, esta forma de funcionar ha de ser adaptativa, útil. O lo que es lo mismo, sin la fe nos habríamos extinguido.

Ésta es la hipótesis del documental Homo Sapiens-Prehistoria, de Juan Luis Arsuaga. En él se ofrece una explicación a por qué el ser humano se aventuró más allá de las más altas montañas y los más profundos océanos. Normalmente se da por cierto que de África salieron los primeros hombres obligados por la enorme sequía que asolaba el continente. Pero ¿qué les llevó a cruzar el congelado estrecho de Bering a pie? ¿y a escalar los Alpes, o el Himalaya? ¿Qué les impulsó a enfrentarse al océano y navegar durante días sin rumbo hasta llegar a Australia? ¿Fueron impulsados por una fe irracional, pero útil para la especie? ¿Les guiaron los más fervientes de entre ellos haciendo del Sol, Las Montañas o el Océano su dioses? Es posible.

¿Entonces está el ser humano preparado para ser un creyente? No sólo eso, sino que ser un gran creyente le ofrece una ventaja a quien lo es. ¿Ejemplos? Una de las características principales de las personas creativas es la enorme fe que depositan en sus ideas. Una persona muy segura de si misma (algo que objetivamente no podría darse), atrae mucho más que una dubitativa. Este deseo de seguridad lo utilizan las religiones o, más bien, los líderes religiosos. Imponen un orden, que les suele beneficiar más pronto que tarde, a cambio de ese plus que da creer en algo.

Y, sin embargo, ninguno de los dioses que se han ido revelando, a los distintos profetas que han existido, han tenido a bien contarnos nada acerca de las características del mundo que no podemos captar con nuestros sentidos. Ninguno de esos dioses nos habló nunca del espectro electromagnético no visible (de los Rayos X, por ejemplo) o de los electrones. Ninguno nos explicó la fotosíntesis, las vacunas, la penicilina o el ADN. Curiosamente, ninguno de esos dioses nos descubrió nada que no fuera conocido ya en la época de sus apariciones.

Si estamos donde estamos es gracias a gente que tuvo más fe en si misma que la que le ofrecían sus dioses.  Los seres humanos sobrevivimos como especie gracias a creencias inquebrantables, personales o grupales (aunque no fuera lo único que nos ayudó). Y, aunque se equivocaran en un 67% de las veces, los científicos han hecho nuestro planeta mucho más habitable. La pregunta es, ¿ahora que nuestra especie no corre peligro, no convendría alimentar nuestra capacidad de creer con nuevos objetivos? ¿Por ejemplo, con el de incrementar un poco ese 33% de resultados válidos alcanzados gracias a la fe y al método científico?


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05 octubre 2012

Fragile Childhood

El vídeo lleva 1,700.000 visitas en un mes. Ha sido creado por una ONG finlandesa que, desde 1986, está intentando concienciar a la gente del daño que sufren los niños de padres alcohólicos, o que beben de manera irresponsable mientras están al cuidado de sus hijos.


Los hijos de padres alcohólicos no sólo ven monstruos cuando son pequeños. Durante la adolescencia y en la edad adulta serán más proclives a tener problemas con adicciones, incluyendo el alcoholismo, de personalidad, ansiedad o depresión. Si bien haber tenido un progenitor alcohólico no implica necesariamente nada de eso, parece como si esta circunstancia actuase a modo de multiplicador de problemas.

Más grave es todavía que el niño o la niña sufra abusos sexuales. Al agravamiento de los síntomas anteriores se une la probable aparición de la esquizofrenia. Una asociación alemana creó una campaña hace unos años sobre el tema.



Lo peor de todo es que es que esos problemas psicológicos pasan de generación en generación. Padres con trastornos psiquiátricos, ya sean estos adicciones, depresiones, tendencia a los malos tratos, o comportamientos erráticos, machismo, etc. tienden a tratar a sus hijos, inconscientemente, de manera que también los adquieran, perpetuándolos.

La toma de conciencia de estos comportamientos patológicos es esencial para poner freno a la transmisión de los mismos. Estas dos asociaciones, la alemana y la finlandesa, lo saben y se lo toman como hay que hacerlo, en serio.

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Enlace a estudios longitudinales sobre la influencia de haber tenido un progenitor alcohólico.
Enlace a un artículo de El Mundo donde habla de abusos sexuales en la infancia y esquizofrenia.

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10 enero 2012

(Grandes) Diferencias de personalidad entre hombres y mujeres

Imaginemos dos pueblos, Villarriba y Villabajo. La distancia (d) entre ambos se puede medir en función de tres coordenadas: latitud (a), longitud (b) y altura (c).

Imagen tomada de
http://www.geometriadinamica.cl/
Hasta ahora parece que, en cuestión de diferencias individuales de personalidad, se había seguido el siguiente método para calcular la distancia: si la diferencia en altitud es de 3000m., en longitud es de 3000m. y en latitud es de 3000m., entonces la diferencia total es la media de las tres: 3000m.

Con esa forma de medir, prácticamente no se encontraba distancia entre hombres y mujeres, y la que había se solía explicar mediante un rasgo llamado "Sensibilidad", que en algunos sitios se denominada directamente "Masculinidad/Feminidad"

Pero, como se puede ver en la figura de arriba, la distancia auténtica (d, que ahora pasa a llamarse D)  es de casi 5200m. (utilizad el teorema de Pitágoras un par de veces para calcularlo).

Aplicando el "nuevo" método, el Multivariado, y no a 3 sino a 16 variables de personalidad, las diferencias entre hombres y mujeres parecen haberse disparado (lo cual es una gran novedad).


Y lo que es más, aunque la "Sensibilidad" sigue siendo la característica que más aporta a las diferencias, ha perdido importancia con respecto al total. Así, con el nuevo método, casi cada rasgo que conforma la personalidad de una persona contribuye a que se diferencie, de forma global, de otra del sexo contrario. Es decir, uno a uno, los 16 rasgos que conforman nuestra personalidad (según la mejor de las aproximaciones), pueden no mostrar que exista una gran diferencia entre sexos, pero si van añadiéndose a la distancia total con el nuevo método, ésta sí se incrementa espectacularmente. Puede que incluso sea eso, ese total, lo que percibimos cuando pensamos que hombres y mujeres somos tan diferentes.

En realidad, en el estudio realizado con una muestra de 10.261 norteamericanos (mitad hombres, mitad mujeres), mayoritariamente de raza blanca (70%) y con niveles superiores de estudios, se han introducido otro par de novedades a la hora de realizar los cálculos. Pero la diferencia principal, como se observa en el gráfico, proviene del cambio en la forma de medir esa distancia. Con el nuevo método, en el "peor" de los casos, hombres y mujeres sólo nos solapamos en un 10%. Con el método antiguo las semejanzas oscilaban entre el 70 y el 90%, que es lo que aparece en  los manuales de psicología y se enseña y aplica en las universidades.

Enlace al estudio en PloS ONE. El test de personalidad que se ha empleado es el 16pf5 Quinta Edición.

Enlace al artículo de El País donde lo he visto. El artículo es un poco lioso porque, primero, mezcla dos estudios diferentes, uno para las diferencias en inteligencia y éste para las de personalidad. Y segundo, hace ver que los investigadores del estudio de personalidad se decantan por la versión evolutiva, cuando en el estudio sólo se habla de ella como el extremo de un continuo de resultados, el extremo en el que las diferencias entre sexos son mayores. El estudio no se decanta por esa vertiente, al menos de forma explícita, sino que, ante las diferencias manifiestas entre las teorías existentes hoy en día, se marca como objetivo hacer medidas más exactas que ayuden a elegir una teoría integradora.

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30 diciembre 2011

Razones evolutivas para sentirse mal cuando no se hace nada

Dice Mihaly Csikszentmihalyi, en su libro El yo evolutivo, que la gente suele estar mejor haciendo cosas que no haciéndolas. Incluso va más allá: la gente, aunque no lo reconozca, suele estar mejor trabajando que "disfrutando" del tiempo libre. Esto se entronca en su definición de fluir. Cuando la mente tiene objetivos claro que cumplir, estos son alcanzables y reportan resultados inmediatos, se está más satisfecho. Por el contrario, cuando estamos en casa sin hacer nada, es bastante inevitable que la mente, cada vez más desordenada e incontrolable, acabe encontrando algo frustrante en lo que pensar.

Evolutivamente, eso hace que sobrevivamos como especie. Esa desazón que termina alcanzándonos cuando no estamos en flujo, nos lleva a ponernos a hacer cosas, a ver la tele, a leer, a intentar contactar con gente. Y así, incluso viendo la tele, existen más posibilidades de encontrar pareja y de tener descendencia. Más, muchas más, que si disfrutásemos estando solos sin hacer nada.

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01 septiembre 2011

Ejercicio, autoestima y depresión.

Cuenta Diamond en su libro ¿Por qué es divertido el sexo? que los hombres prehistóricos que se dedicaban a cazar, mientras las mujeres recolectaban y cuidaban de los hijos, no lo hacían para llevar comida a sus hogares.

De hecho, ni siquiera eran tan productivos como las mujeres. Al contrario que éstas, que todos los días aportaban a la unidad familiar todo lo necesario, los hombres ni conseguían cazar todos los días ni, los días que cazaban, las piezas apresadas eran las mejores. En media, al final del mes, las mujeres siempre les sacaban ventaja.

¿Para qué salían a cazar entonces, si hubieran sido más eficaces quedándose en casa y dedicándose también a la recolección? Lo hacían para alardear, cuando tenían éxito, frente a otros machos... y delante de otras hembras. Una cuestión de estatus, y de autoestima, que les reportaba una mejor posición en la tribu y sexo fuera de la pareja. Llega Diamond a estas conclusiones a partir de los trabajos de la antropóloga Kristen Hawkes, que ha basado sus teorías en el comportamiento de varias tribus modernas que todavía mantienen la caza y la recolección como medio de subsistencia.

Paralelamente, un estudio de cuatro años realizado por el departamento de Psiquiatría de la Universidad de Texas en colaboración con el Instituto Cooper de Dallas (EEUU), ha encontrado que el ejercicio físico intenso en hombres ayuda al menos a la mitad de ellos a mejorar (o superar) la depresión.

"Los resultados sugieren que la adición de una rutina regular de ejercicio, en combinación con medicamentos prescritos por el médico, puede aliviar completamente los síntomas de un trastorno depresivo mayor."

Para las mujeres también funciona, pero no exactamente igual:
"El ejercicio moderado es más eficaz para las mujeres con antecedentes familiares de enfermedad mental, mientras que el ejercicio intenso es más eficaz para las mujeres cuyas familias no tienen un historial de esa enfermedad."

Enlace al artículo de El Mundo sobre ejercicio y depresión.



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14 diciembre 2008

Sobre la necesidad de ascender para cambiar las cosas (1ª parte)

Hasta no hace mucho tiempo creía que lo que hace que los líderes cambien son las personas que tienen debajo, el nivel medio de las gentes que dirigen. Los países escandinavos me servían como ejemplo de ello. El elevado nivel educativo de esos países hace que los líderes políticos, o de otra índole, se vean obligados a ser trasparentes, eficientes y metódicos en su trabajo. En caso contrario prácticamente cualquiera podría darse cuenta y muchos, muchísimos, podrían sustituirles haciéndolo mejor.

En el otro extremo, las dictaduras intentan que entre el líder y el pueblo exista la mayor distancia posible, de tal forma que la mayor parte de la población, lejos no sólo del poder sino de todo conocimiento que lleve a él, no suele ser un obstáculo para la perpetuación de los regímenes autoritarios (cambien o no de líder). Este modelo se exacerba si la dictadura se asienta sobre un país con un alto grado de analfabetismo.

Hasta hace no mucho creía que los líderes no cambian si las personas que tienen debajo no les obligan a ello. Una lectura superficial de las revoluciones nos diría que eso es cierto: el populacho sublevado frente a la tiranía, deponiendo o amenazando reyes, tiranos, sumos sacerdotes...

Pero no. En realidad todos esos acontecimientos se produjeron por la aparición de líderes que conocían mejor las necesidades del pueblo que las personas que ostentaban el poder. En realidad el pueblo llano no depuso a nadie, el pueblo llano sólo cambió de bando, siguió a alguien con quien se sentía más identificado y fue eso lo que condujo a la desaparición de lo anterior.

Es cierto que si un líder se granjea todo tipo de animadversiones, cualquier otra opción puede parecer buena o, al menos, mejor. Un ejemplo típico suele ser el enorme apoyo alemán a un Hitler que supo, como nadie, utilizar la soga que los vencedores de la I Guerra Mundial pusieron alrededor del cuello de su país.

Hitler estaba loco, y dirigió una guerra y un genocidio donde murieron y fueron asesinadas millones de personas (y decenas de millones vieron trágicamente alteradas sus vidas para siempre). No obstante, esa capacidad que tuvo para empatizar con la gente, para averiguar y utilizar las necesidades de los demás en su propio beneficio, siempre me ha fascinado.

Todos, absolutamente todos los seres humanos, nos movemos por afinidad. Una vez solucionadas las necesidades básicas, claro. Pero imaginemos que las necesidades básicas (o lo que creemos que es básico) no están cubiertas. Si no tenemos nada, vivimos con lo puesto, esas necesidades se reducen a sobrevivir. Pero si tenemos mucho, esas necesidades van en función de nuestro grado de bienestar, por muy elevado que sea. En un contexto de "carestía", nuestro grado de afinidad hacia alguien que "necesite", o que diga que necesite, lo mismo que nosotros será mayor.

Es decir, si algo o alguien nos quitara algo que ya dábamos por normal y necesario (el agua caliente, por ejemplo), seguiríamos, sin plantearnos prácticamente nada, a quien nos dijera que nos lo iba a restaurar (algo parecido, aunque en menor medida, ocurre si lo que se propaga es la amenaza de cortar el agua caliente durante meses, en ese caso seguiríamos a quien nos asegurase que lo puede evitar).

Cuanto más necesarias y usuales son las cosas suprimidas, más brusca es la reacción y más población arrastra. Sólo hay que pensar en qué hubiera pasado hace 10 años si nos dicen que no íbamos a poder utilizar los teléfonos móviles y qué ocurriría ahora si nos dijesen lo mismo.

El sentimiento de afinidad siempre está ahí. Y el grado de liderazgo crece con la capacidad de encontrar y utilizar en nuestro favor las necesidades de los demás.

Pero también de generar nuevas, de ampliar los horizontes de los que nos rodean. Por eso muchos gobiernos totalitarios no quieren que sus súbditos accedan a imágenes o libros del exterior que les "abran los ojos", y condenan a las personas de ideología aperturista. No porque ese pueblo se vaya a rebelar, sino porque ese pueblo encontrará un líder más afín, cualquiera que les prometa satisfacer sus nuevas "necesidades" y ellos se verán privados del poder.

Obviamente, de entre los nuevos líderes no todos son conscientes de dónde viene su poder. Algunos simplemente se encuentran, sin comerlo ni beberlo, en la cresta de la ola. Como no saben ni siquiera nadar, la ola les engullirá más pronto que tarde. Otros se mueven por ideales prestados que funcionan durante un tiempo para luego pasar de moda, dejándoles durante el resto de sus carreras sin capacidad de reacción pues son incapaces de ver qué ha fallado. Y, por último, unos poquitos tienen ideas propias y su capacidad para empatizar con los demás no es fruto de la casualidad sino de la comprensión y aceptación de que resultan necesarias para alimentar su necesidad de poder. Poder que, para otro pequeño porcentaje, servirá, en ocasiones, para colocar el bien común por encima, o al mismo nivel, del suyo propio.

Pues bien, esas personas son las que, habiendo llegado a una posición de privilegio, han cambiado nuestro mundo de forma brusca a lo largo de la historia. Desde luego, entre cambio brusco y cambio brusco, es el propio pueblo el que se encarga de pedirle a sus líderes que mantengan las cosas como están (nadie quiere verse privado de lo que ya tiene) pero, de vez en cuando...

PD. La verdad es que en este post quería hablar de cómo puede un líder mejorar sus habilidades para empatizar con los demás pero la introducción se me ha alargado demasiado. Seguiré otro día.

Recomendaciones cinematográficas (cortesía de Marcos y Nushu): Deadwood y North and South.

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20 octubre 2008

Estudios para la paz

200 estudiantes de de más de 80 nacionalidades distintas son admitidos cada año en el instituto preuniversitario de Nuevo México United World College of the American West (UWC-USA).

En el resto del globo, otros 12 institutos UWC, 4 en Europa, enseñan a sus alumnos antropología, sociología, ciencias políticas, teología e historia con el objetivo de descubrirles las raíces del conflicto, transformar las causas subyacentes, desarrollar estrategias preventivas y enseñar habilidades para su resolución.

Dentro del aula se aprende a desarrollar la espiritualidad común a todas las religiones, aquello que une a las personas. En cambio, se trata de evitar que una religión en concreto o cualquier ideología política se adueñe de la institución.

Mientras tanto, como en cualquier universidad, se realizan investigaciones de todo tipo. Temas de estudio no faltan: terrorismo, conflictos internacionales, guerras, violencia de cualquier clase o condición... La única premisa para hacerlo es que la solución sea la paz.

Visto en el Herald Tribune.

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11 octubre 2008

Narcisismo y liderazgo

En las primeras etapas de la infancia el comportamiento del niño es claramente egocéntrico. Al igual que la humanidad en la Edad Media, cuando somos pequeños pensamos que el universo gira a nuestro alrededor. Otra de las creencias que todos albergamos durante nuestros primeros años de vida es la de que podemos llevar a término cualquier cosa. Ya sea una tarea fácil, difícil o incluso imposible, nosotros pensamos sinceramente que seremos capaces de realizarla.

Con el paso del tiempo descubrimos que los demás niños y niñas también sienten y padecen y que no son sólo figurantes en la peli en la que hacemos de protagonistas. Además, la vida (lo que aprendemos) también nos termina enseñando cuáles son (o cuáles creemos que son) nuestros límites.

Estos cambios no se producen siempre a la misma edad o con la misma rapidez en todas las personas. En concreto, aquellas personas que solemos denominar narcisistas parecen no abandonar nunca esas características. Algunos incluso las potencian con los años.

La noticia es que el narciso es el prototipo de líder nato. Un par de estudios, que he leído en Science Daily, se adentran en posibles explicaciones mientras señalan que, aquella persona con mayor grado de narcisismo, no sólo se ve a sí misma como un líder sino que también es percibida así por los demás.

Estadísticamente los narcisos tienen que existir. Por mucho que ciertas ideologías digan que no, en nuestra naturaleza está que tiene que haber personas que hagan de líderes así que, diciendo una cifra al azar, uno de cada diez de entre nosotros se encuentra, en un cierto momento de su vida, con que no tiene por qué abandonar sus hábitos egocéntricos y su inflada autoestima: la gente le hace caso cuando habla, espera sus órdenes y permanece atenta a cualquiera de sus reacciones.

La mala noticia es que ese tipo de líderes no hacen mejorar al grupo que lideran. Es más, los mismos estudios que citaba antes han comprobado cómo los narcisos no toman mejores decisiones que cualquier otra persona. Sólo toman una. Con mucha convicción, eso sí. Esa seguridad en sí mismos y la querencia por ser escuchados es la que mantendrá la atención circundante. Sin embargo, al no poseer empatía ni ser capaces de hacer autocrítica, o soportar la de los demás, el ideario del grupo que dirigen tenderá a estancarse.

La buena noticia es que, estadísticamente, algunos de estos narcisos (pocos) han de ser inteligentes, además de poseer algunas influencias que les hagan proclives a la autocrítica y a la empatía.

La segunda buena noticia es que, dado que todos hemos sido narcisos (y líderes potenciales) cuando éramos pequeñitos, disponemos de los circuitos neuronales (más o menos atrofiados) para serlo de nuevo. Es decir, en un momento dado podemos aprender a dirigir a un grupo. Y si, además, durante nuestra etapa de gregarios hemos desarrollado la empatía y la autocrítica, podremos ser mejores líderes para los demás que muchos que lo han sido toda la vida.

Eso sí, recuerden que, de nuevo, estadísticamente no todos podremos serlo.

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04 agosto 2008

Correlación religión-enfermedades ¿plausible?

Leo en Público:

Un estudio, publicado en el último número de la revista Proceedings of the Royal Society B, concluye que la existencia de patógenos tiende a reducir el tamaño de las sociedades tradicionales, que se aíslan de otros grupos para evitar contagios.

Ninguna de las variables estudiadas –la superficie del país, su número de habitantes, la libertad de creencias y las desigualdades económicas– trastoca la correlación del biólogo estadounidense Corey Fincher, de la Universidad de Nuevo México (EEUU). “Es necesario reconsiderar la naturaleza de la religión. Aunque, aparentemente, su función es establecer un marcador social, capaz de cohesionar a un grupo, en su nivel fundamental nace para evitar las infecciones”, asegura.
A mí personalmente me parece que la explicación es, como poco, muy imcompleta. Y, puestos a dar una razón universal, me sigue gustando la de Bertrand Russell:
Creo que la religión está basada primordial y principalmente en el miedo. Es en parte el terror a lo desconocido y en parte, como ya he dicho, el deseo de sentir una especie de hermano mayor que te protegerá en todas las aflicciones y disputas. [...] Un mundo bueno necesita conocimiento, bondad y valor; no necesita de un anhelo lleno de pesar del pasado, ni el encadenamiento de la inteligencia libre por las palabras proferidas hace mucho tiempo por hombres ignorantes.
Esta contendría sin ningún problema a la de las enfermedades pero también al resto de casos que la hipótesis del señor Fincher no consigue explicar.

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27 junio 2008

Sobre el destino (y II)

Hoy estaba haciendo zapping después de ver el partido de fútbol de España y me he encontrado con Kate Beckinsale en Serendipity. La película ya había comenzado hacía 20 minutos pero he conseguido localizarla y acabo de ver los trozos que me faltaban (el billete de la izquierda es donde el protagonista, John Cusack, escribe su numero y nombre, que ella encontrará sólo si es su destino).

Me encantan las películas románticas. Es decir, mi cerebro obtiene un profundo placer viéndolas. El otro día hablaba sobre los circuitos de recompensa del cerebro y acababa concluyendo que el destino tiene toda la pinta de no existir; así que ver una película que exalta su fuerza, y que, por añadidura, termina consiguiendo activar al máximo uno de mis más fuertes circuitos de recompensa, me ha parecido de lo más irónico (aparte de placentero).

El amor, como el resto de las emociones, está en el cerebro. Mi hipótesis al respecto, como también comentaba el otro día, es que hemos aprovechado los circuitos de recompensa que tiene el cerebro de cualquier animal y los hemos interconectado con nuestra corteza, con la que pensamos y planificamos, y con nuestra memoria, con la que recordamos (y tergiversamos) lo que nos sucedió, lo que nos contaron, lo que leímos o vimos por la tele. Como especie hemos evolucionado y añadimos al simple placer del momento, necesario para la supervivencia, el que nos otorga también (y a voluntad) la rememoración de una situación, imaginar un futuro o ver una película, por muy absurdo que sea su argumento.

Sentir placer es necesario si queremos sobrevivir como especie. Tener una palanquita que nos otorgue placer ilimitado probablemente acabaría con nosotros igual que puede hacerlo una droga o, en casos extremos, depender absolutamente de sentir ese "amor" que active nuestros circuitos de recompensa.

Por cierto, ¿sabían que 7 de las 10 mejores películas románticas de los últimos 20 años vienen del lejano oriente? ¿Y que si miramos las mejores de todos los tiempos no hay ninguna posterior a 1960 en el Top Ten y 8 son estadounidenses? Los tiempos cambian...

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25 junio 2008

Anda, mira, qué gracioso...

Claro que una vez leas este post quizá ya no vuelvas a ver un coche con una pegatina graciosa tan divertido.



Un equipo de psicólogos de la Universidad del Estado de Colorado han encontrado una fuerte correlación entre estas pegatinas y una conducción agresiva. El tono de las mismas es independiente de los resultados, es decir, sean graciosas o beligerantes el conductor se comporta de forma agresiva igual.

Estos psicólogos lo interpretan diciendo que las pegatinas expresan una especie de marcado territorial (sí, como los perros cuando van meando por las esquinas). De esta forma, personalizando su coche, los usuarios intentan transmitir que la zona que delimitan esas marcas de vivas formas y colores es suya y la defienden frente a los demás mostrándose más agresivos en la conducción.

Visto en Pure Pedantry.

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22 mayo 2008

El saber sí ocupa lugar

Hace un mes salió en todos los medios que casi nos extinguimos hace 40.000 años. Únicamente 2000 de nosotros, o incluso menos, quedaban en toda África. Divididos en pequeños grupos, la hipótesis más aceptada dice que un cambio climático, empezó a hacer mucho calor, hizo descender nuestro número hasta casi dejarnos sin futuro.

Un futuro que comparten a la hora de publicar este post 6,669,156,692 personas. Más de un tercio son chinos o indios. Y, entre todos, en 2006, generamos 3 millones de veces más información en formato digital que todos los libros escritos hasta entonces.

Bien es cierto que en estas cifras hay un poco de trampa porque la gran mayoría de esa información digital lo ocupan archivos multimedia: vídeos, audio, etc., cuyo tamaño es mucho mayor que el del simple texto. No obstante la cantidad es brutal y se espera que para 2010 se multiplique por 6.

En 1452 nacía el prototipo de hombre renacentista. A Leonardo da Vinci le dio tiempo en sus 67 años de vida a conocer y ampliar muchos de los ámbitos del saber de su época. Dotado muy probablemente de una inteligencia fuera de lo común leyó, aprendió y mejoró todo lo que estuvo a su alcance.

Si nos fiamos de las estadística hoy debe haber en el mundo entre 6 y 60 millones de personas (1 entre 100 ó mil) tan o más inteligentes que el fabuloso Leonardo. Es decir, juntándolos a todos podrían llegar a sumar la población del Reino Unido o, como poco, la de Paraguay. Es cierto que no todos están escolarizados y han recibido una buena educación que les permita exprimir al máximo su talento. Digamos que, en el peor de los casos, nos quedamos con una centésima parte de 6 millones. Nos quedan 60.000 personas con la capacidad de hacer cosas enormes por la humanidad.

¿Dónde están? ¿A qué se dedican esas personas? La respuesta: son los mejores en su ámbito del saber. Lo que ocurre es que ya nadie, jamás, y cada vez menos, podrá abarcar ni la milésima parte del conocimiento a nuestro alcance. Los que dedican su vida a la ciencia apenas consiguen modificar el conocimiento en el área que eligieron mientras, en el camino, tuvieron que deshechar el aprender algo de todo lo demás para poder concentrarse en su materia. Y aunque sean auténticos Leonardos puede que nadie fuera de su grupo de trabajo se lo reconozca. A ellos les debemos todos los adelantos de los que hoy disfrutamos: la electricidad, el agua potable, la calefacción, los medicamentos, la genética, la nevera, las casas donde vivimos, los coches, internet, esas zapatillas tan chulas o la cámara digital que te acabas de comprar... Por todo ello y a todos ellos gracias.

En cuanto a los que formamos parte del otro 999 por mil, a los que todavía podemos digerir menos información...

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16 mayo 2008

Me voy para no volver

Un reciente estudio, que he visto enlazado ya en varios sitios, advierte sobre el hecho de que, cuanto más mayor se hace un joven, más posibilidades tiene de deprimirse si continúa en casa de sus padres o si, una vez se ha independizado, vuelve a vivir con ellos.

Mientras, los jóvenes más jóvenes tienden a deprimirse más si no pueden vivir con sus padres.

Visto en Pure Pedantry.

En general creo que esto tiene que ver con que muchas depresiones se producen por tener demasiado tiempo para pensar (y no saber hacerlo). Normalmente, si te vas de casa (y estás preparado para irte) estás demasiado "entretenido" con los nuevos retos como para dedicarte a añorar la casa de tus padres. Un caso extremo es el de las sociedades no civilizadas donde la lucha por la supervivencia exime a sus habitantes de padecer depresiones.

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Me has convencido, toma todo mi dinero

Cada vez tengo más claro que los humanos somos especiales.

Un estudio realizado con bancos de peces (más o menos numerosos) ha llegado a la conclusión de que, aunque dentro de los grupos hay líderes que dirigen al resto, se necesita un cierto consenso, un umbral de individuos a favor, para que el banco siga a los líderes. Es decir, nunca (ojo con la palabra), nunca un banco de peces seguirá a un único individuo y, cuanto mayor sea el grupo, más grande deberá ser también la punta de lanza (o número de líderes). Este clase de comportamiento se había detectado ya en insectos (abejas, cucarachas u hormigas) pero es la primera vez que se observa en animales con un cerebro relativamente complejo.

Mientras, nosotros, los especiales, nos vemos impelidos a imitar a cualquier individuo que se para en mitad de la calle a mirar... nada. Por no hablar de lo que nos gusta pertenecer, y someternos, a grupos liderados por una sola persona (o divinidad). Aunque el resultado sea la muerte, aunque el resultado sea provocar la muerte.

En cualquier caso parece complicado que vayamos a cambiar a estas alturas porque, en contra de lo que se creía, lo que más nos diferencia del resto de las especies, nuestra "función ejecutiva" cerebral, parece tener un 99% de herencia genética. Es decir, nuestro potencial al nacer no cambia con los años. A la hora de tomar decisiones seremos, más o menos, igual de buenos o malos toda la vida. Y la experiencia demuestra que, salvo contadas excepciones, todos lo hacemos bastante peor que los peces en ese menester.

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14 mayo 2008

Hablemos de sexo

Una de las más aceptadas hipótesis en evolución dice algo así como que "todo animal intenta que sus genes se transmitan a la siguiente generación". Esto se puede conseguir teniendo descendencia propia o cuidando de los hijos de familiares (que comparten parte de tu código genético). Por lo mismo, se supone que tendemos a proteger y auxiliar antes a un familiar que a un desconocido. Esta hipótesis se ve corroborada por el comportamiento observado en multitud de especies. Por eso llama la atención que una de ellas, la del grillo Teleogryllus oceanicus, no responda a lo esperado. En concreto, a los machos grillo de esta especie les da igual que una hembra se haya arrejuntado antes con un familiar suyo o con un cualquiera. Ellos pondrán el mismo esfuerzo (y semen si pueden) aunque la tranmisión de los genes ya estuviera garantizada por un hermano.

Sin embargo, ciertos gusanos tienen las cosas más claras que esos grillos y sí triplican sus "esfuerzos" cuando la paternidad está en juego.

Otro artículo, y ya hablando de humanos, se adentra en las pantanosas aguas que rodean a cualquier explicación acerca de la poligamia-monogamia. En él se trata de averiguar por qué nuestra sociedad desarrollada es mayoritariamente monógama pero sociedades en vías de desarrollo o históricas son y fueron claramente polígamas.

Mientras, en otro sitio explican, mediante teorías económicas y la de juegos, por qué a partir de los 30 quedan tan pocos hombres atractivos disponibles. Al final, más o menos acaban diciendo que fueron mujeres decididas las que escogieron a los buenos cuando eran jóvenes (alguno malo se colaría también), mientras las indecisas no elegían a ninguno. Así, lo que se puede deducir es que el grupo de solteros (y sin emparejar) de más de 30 está compuesto por indecisas y poco agraciados. Menudo plan para unas y otros.

Esto último me ha dejado un poco mosca porque se supone que yo pertenezco a ese grupo, pero no ha sido nada comparado con el cuerpo que se me ha quedado al ver que han hecho una película porno cuya temática consiste, básicamente, en que una docena de chicas se dedican a golpearle los testículos, de las más diversas maneras, a un único y sufrido representante de nuestro sexo. Y es que los tiempos han cambiado mucho desde 1930, cuando un test psicológico puntuaba negativamente el que una mujer se calentase los pies helados, pegándolos a su pareja, cuando se metían en la cama.

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24 octubre 2007

Lixo (basura)



Visto en Stage6. Gracias, nushu.

Más lixo en Angonoticias. Y en algún que otro viaje.

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18 octubre 2007

Esa mujer es todo oxitocina

Los niveles de oxitocina en la madre durante el primer trimestre de embarazo predicen lo estrecha, y exclusiva, que será la relación con su hijo, lo cerca que querrá estar de él para cuidarlo, para quererlo. Del mismo modo, niveles elevados de esta hormona durante el resto del embarazo y el post parto, también harán que la madre sea más cariñosa con su bebé.

Visto en The Anterior Commisure, un blog que cada día me gusta más.

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