03 agosto 2008

Estimulación Magnética Transcraneal (TMS) para una vida mejor

Hace no mucho escribía sobre unos experimentos realizados con TMS que mostraban resultados esperanzadores. Aplicando la estimulación en zonas muy concretas del cerebro de un paciente éste veía en muchas ocasiones como disminuían los síntomas de una dolencia de origen neuronal.

Esta semana leo que también los pacientes de Asperger podrían obtener importantes beneficios gracias a esta técnica.

Incapaces de sentir empatía, de interpretar cualquier sentimiento ajeno, de entender una broma o una ironía o de utilizar voluntariamente el lenguaje corporal, las personas con Asperger no son técnicamente enfermos, únicamente tienen pequeñas diferencias dentro de determinadas áreas de su cerebro. Por lo demás, su esperanza de vida es la misma, no son más proclives a tener tal o cual enfermedad, etc.

Además, en muchos casos suelen no querer ser normales (neurotípicos) pues, al funcionarles el cerebro de forma distinta, obtienen ventajas frente a los demás en determinadas actividades (como no pueden verse afectados por los sentimientos y son negados en relaciones sociales, focalizan sus esfuerzos en lo que pueden entender, siendo sus esquemas de pensamiento más formales, estructurados y objetivos).

No obstante, tienen (más que) dificultades para trabajar en equipo, tomar decisiones, vivir en familia o tener amigos. Y es precisamente ahí donde entra la TMS, pues estimula las zonas del cerebro encargadas de esas actividades, permitiendo a esas personas con Asperger conservar sus capacidades a la vez que mejoran (o hacen aparecer) otras.

Visto en Brain Stimulant.

Lectura recomendada: El curioso incidente del perro a medianoche.

Actualizo
: TMS también para aliviar migrañas.

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01 agosto 2008

Aprendiendo a montar en bici

Hay actividades para las que el cerebro está más adaptado. Algunas son innatas y otras se aprenden rápidamente si se vive en sociedad. Estas dos clases las compartimos con muchos animales: el aumento de pulsaciones y la segregación de adrenalina frente a una amenaza (que nos permitirá reaccionar con rapidez cuando la localicemos), aprender a caminar (o desplazarnos), el lenguaje corporal...

Hay otras que, por el contrario, son propias del cerebro humano. Algunas de ellas han venido acompañadas de cambios fisiológicos (habla, capacidad de manipular objetos merced al pulgar oponible...) y disfrutan de amplias zonas de nuestro cerebro para codificar la información que manejan.

Y por último está nuestra capacidad de pensar y de aprovechar nuestro cerebro para aprender a hacer casi cualquier cosa, para inventar, relacionar conocimientos, prever...

Ahora bien ¿cómo siendo tan capaces no acabamos de hacer funcionar el engranaje de todas esas capacidades que tenemos? ¿Por qué, por ejemplo, en nuestro mundo la violencia campa por sus anchas si pensamos, como animales superiores, y tenemos normas que dicen que no debería ser así?

La respuesta está en cómo aprendemos a montar en bici o, si lo tienen más reciente, a conducir. Cuando estamos aprendiendo a hacer algo para lo que nuestro cerebro no tiene una estructura preparada específica, ese aprendizaje cuesta más y, hasta que no se ha repetido muchas, muchas veces, se tiene que pensar en cómo hacerlo en cada ocasión (para ello se utiliza la corteza cerebral). Sin embargo, una vez que se ha aprendido, esa actividad pasa a ocupar un lugar dentro de los automatismos de nuestro cerebro, no debiendo gastar recursos y pudiendo utilizar la corteza para otros menesteres: ya sabemos montar así que podemos pasar a hacer piruetas con la bici, por ejemplo.

Y ahora viene a lo que iba... ¿qué ocurre con la cultura, con las normas, con todas esas cosas que aprendemos en los libros, en internet, de los amigos, de nuestros familiares, mentores, etc. y que dejamos de aplicar en tantas ocasiones sin saber por qué o que aplicamos sin pensar, equivocándonos?

El nuestro, como otros muchos cerebros del mundo animal, está preparado para memorizar y para establecer relaciones rápidas entre lo que ya conocemos. De esta manera aprendemos mucho de lo que sabemos.

Pero además de esa forma de aprendizaje tenemos la que se produce merced a nuestra capacidad de hablar y de asociar ideas complejísimas a los sonidos que emitimos (y que dibujamos). Aparte del hecho de que podamos aprender las palabras (y lo que representan) también podemos jugar con ellas por nuestra cuenta. Y ahí es donde todo se lía. Porque pensar por nuestra cuenta es muchísimo más complicado que montar en bici (además de incómodo, pues tenemos mucho más desarrollada la memoria y la asociación de ideas inmediata).

Me explico: para el ser humano es imposible inhibir cualquiera de sus capacidades cerebrales. Y hay que tener en cuenta que, en cuanto a las que afectan a la toma de decisiones, todas salvo pensar con criterio propio son más o menos automáticas. Por lo que, si hay una que a veces no aparezca será precisamente la última: entre que pensamos y no, el resto de nuestro cerebro seguro que ya habrá tomado una resolución y la habrá puesto en marcha. ¿Y quién se molesta en ir más allá cuando ya se tiene una solución? En principio nadie (y lo digo muy en serio, nadie). Pero gracias precisamente a nuestra memoria, alguien se podrá dar cuenta de que, en cierta ocasión, sí existió otra solución mejor (aunque fuera descubierta por casualidad y sin premeditación).

Ejemplo: alguien baja todos los días a pié una pendiente de un kilómetro y un día se tropieza, cae y dando vueltas sobre sí mismo desciende, aunque magullado, en la mitad de tiempo. Probablemente el dolor no le permita pensar en la utilidad de su accidente pero puede que un espectador ileso sí la descubra e invente la rueda.

Cuál es el inconveniente de todo esto: que, como ya he comentado, vivir nos impide pensar (con criterio). Casi nunca podemos ser unos espectadores, como el descubridor de la rueda, sino que en la mayoría de las ocasiones nos vemos afectados por nuestras vivencias y nuestro cerebro responde mucho antes (afortunadamente, porque si no hace tiempo que nos habríamos extinguido) de que nos podamos parar a analizar una situación.

Sin embargo es ese espectador atemporal el que nos ha permitido llegar hasta donde estamos. Gracias a él tenemos los derechos humanos, los avances científicos, etc.

¿Qué nos falta para que todo sea "mejor"? En principio que cualquier persona de la humanidad se convierta en espectador, que sea capaz de abstraerse a sus respuestas inmediatas cuando sea necesario. Espíritu crítico para todos y cada vez que cualquier forma de lenguaje hablado o escrito haga acto de presencia en nuestro cerebro (leamos, escribamos, escuchemos, hablemos, pensemos...)

¿Cómo llegar hasta ello? 2 caminos complementarios:

1. enseñando a pensar (como materia principal, por encima y supervisando todas las demás, en nuestra educación obligatoria). Hasta que todos sepan montar en bici.

2.
mientras las nuevas generaciones automatizan eso que nosotros, a pesar de poseerlo, no tenemos automatizado, habría que establecer, de forma externa, durante los pocos momentos en los que podemos ser unos espectadores neutrales de nuestra propia vida, un contexto en nuestros quehaceres diarios que nos obligase a pensar con criterio (porque si no nos obligamos nuestro cerebro pasará de hacerlo). O, en su defecto, a minimizar las posibles consecuencias perniciosas que pudiera acarrear el no hacerlo.

Vamos, que tenemos para rato.

Recomendación cinematográfica: Welcome to Sarajevo.

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29 julio 2008

¿Por qué es imposible hablar normal (sin gritar) en un pub?

Varios estudios experimentales han demostrado que la música ambiental y su estructura (volumen de sonido, el tempo o la tonalidad) pueden afectar al tráfico de personas en un centro comercial, el volumen de ventas o incitar, por ejemplo, a la compra de un vino francés al sonar música de ese país. Investigadores de la Universidad Bretagne-Sud (Francia) sostienen ahora que la música muy fuerte hace beber más en menos tiempo, según el trabajo que publican en la revista Alcoholism: Clinical & Experimental Research.
Visto en El País.

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27 julio 2008

Merlene Ottey

Hace 28 años una joven jamaicana de 20 disputaba sus primeros juegos olímpicos en Moscú y se convertía en una heroína nacional al ganar una medalla de bronce.

A los 48, Merlene Ottey no podrá estar por 28 centésimas en los que serían sus octavos juegos, los de Pekín:

La atleta eslovena Merlene Ottey, de origen jamaicano, ha fracasado, a sus 48 años, en su intento de convertirse en la primera atleta de la historia en disputar unos Juegos Olímpicos por octava vez.

En las pruebas de selección eslovenas que se han disputado en la localidad de Maribor, Ottey sobrepasó por 28 centésimas la mínima olímpica femenina para los Juegos de Pekín, que en la distancia en la que compite, los 100 metros, es de 11.32 segundos.
Visto en la sección de los Juegos Olímpicos de RTVE.

Si tuviera que apostar por una atleta limpia, entre todo el universo del doping que se mueve alrededor del atletismo de velocidad, lo haría por ella (a pesar de un controvertido positivo por nandrolona hace 9 años). Superada en repetidas ocasiones por fugaces velocistas que irrumpían en el panorama internacional durante unos pocos años (o incluso meses) para después desaparecer, Ottey nunca ganó unos juegos (aunque sí unos mundiales). Por poner un ejemplo, en los juegos de Sidney, con 40 años, quedó 4ª en la final de los 100m, sólo por detrás de Marion Jones, la griega Thanou y una compatriota suya que le aventajó en 1 centésima. Las dos primeras provocaron poco después escandalosos casos de dopaje.

De entre las atletas que le superaron en las grandes citas únicamente la estadounidense Gail Devers se mantuvo en la élite durante años (le ganó en dos olimpiadas, 92 y 96, precisamente cuando la jamaicana parecía no tener rival).

8 medallas olímpicas de plata y bronce además de otras 14 en mundiales al aire libre (record para atletas de cualquier sexo) le contemplan. Orgullosa hasta el extremo, su afán competitivo le obligó siempre a seguir demostrando al mundo que seguía allí. Es posible que si hubiera ganado una final olímpica alguna vez se hubiera retirado hace tiempo. O puede que ni siquiera entonces hubiera tenido suficiente.

Muchos son los que dicen que simplemente no sabía competir en las grandes citas. En su época dorada, y durante años, ganaba todas las carreras de antes y de después de los juegos pero "fallaba" en la más importante. A veces estrepitosamente y en otras ocasiones quedando segunda por una milésima. En mi opinión, y volviendo al tema del dopaje, puede entreverse otra posible razón. Durante el año, cuando ganaba Ottey de forma aplastante carrera tras carrera, nadie se atrevía a utilizar los últimos avances en materia de dopaje, por si acaso los laboratorios empezaban a investigar. Pero los juegos olímpicos y los mundiales eran otro cantar. Una medalla de oro bien valía (tanto económicamente para los patrocinadores como en materia de prestigio y gloria para el atleta) el riesgo de ser pillado además del importante riesgo para la salud (sobre todo en velocistas). Así, para llegar a esas grandes citas al máximo, los atletas se metían (y se meten) todo lo que no habían utilizado durante el año, los últimos descubrimientos en materia de dopaje todavía indetectables.

Por unas razones o por otras, Ottey era superada siempre en esos momentos cumbres. Pero, si bien no me parece (nada) descabellado dudar de atletas que sólo aparecían en gran forma en esos eventos, olimpiadas y mundiales, sí me lo parece desconfiar en ese sentido de una mujer que se mantuvo en la élite durante más de 24 años. Aunque sólo sea por las consecuencias para su salud que hubiera tenido doparse, dado que ella sí mantenía el mismo nivel durante toda la temporada, ganando carreras desde enero hasta diciembre.

Por todo ello, en cualquier caso, y según mi propio ranking, ella, y no muchas de las otras que la superaron desvaneciéndose después, es la campeona.

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17 julio 2008

Jacqueline Bisset

Hasta hace unas horas sólo me sonaba su nombre. Pero esta tarde en TCM han pasado Ricas y Famosas (1981) y, como buen especimen del sexo masculino, me he visto obligado a buscar algo más de la que fue considerada por Newsweek en 1977 "la actriz de cine más guapa de todos los tiempos".

Este apelativo resulta curioso, aparte de merecido y compartible, porque, pocos años después (1985), y ya superados los fatídicos 40, Jacqueline comenzaría a prodigarse por los platós de TV (aunque no abandonase los de cine), convirtiéndose en un ejemplo de cómo una innegable belleza no tiene por qué estar reñida con un cerebro perfectamente amueblado.

En 2004 contaba en primera persona su versión del ostracismo al que se ven sometidas las actrices de más de 40 años en Hollywood. Un ostracismo que a ella no parecía haberle afectado demasiado:

"Este negocio del cine, quizá más en América que en Europa, ha girado siempre en torno de la sexualidad juvenil. Aunque no pasa lo mismo en el teatro, en América los espectadores son jóvenes y van al cine para ver la clase de romances o aventuras que les atraen. No existe un cine intelectual en América. Pero no se debe ser demasiado avariciosa. Hay que sentirse atraída por el trabajo mientras se sienta que hay algo que ofrecer. Creo que hay que ser lo más flexible posible. Quizás las mayores superproducciones no estén a tu alcance pero, honestamente, ¿quién desearía estar en muchas de ellas? La mayoría son simples y pueriles pasatiempos para adolescentes y no resulta nada fascinante formar parte de algo así. Resulta frustrante ser utilizada para rellenar una escena sin sustancia, cuando sabes que tienes algo que ofrecer, viendo cómo la cámara pasa de largo como si te cepillara el pelo sin saber lo que puedes dar de ti. La mayoría de las actrices que conozco están frustradas, pero hay que adaptarse a la realidad. Yo salgo ahí fuera y busco pequeños papeles que me resulten atractivos o una película independiente"

O dicho con menos palabras
:

"Hay películas buenas para nosotras, pero tienes que ser consciente de los cambios en tu vida. No puedes optar al mismo papel que hace 10 años"


A punto de cumplir los 64 Jacqueline Bisset sigue trabajando. Ha envejecido, por supuesto. Pero aunque ya no aparezca en la lista de las 100 mujeres más sexys del año continúa ofreciendo a los que la podemos ver en la pequeña, o en la gran pantalla, un trabajo bien hecho cada vez que acepta un nuevo papel. ¿Y qué hay más atractivo para un hombre (o especimen masculino) que una mujer inteligente, guapa, que sabe lo que quiere, por qué lo quiere y el modo de conseguirlo? No sé ustedes pero...

Enlace a una página chilena, con continuas actualizaciones, dedicada a la actriz.

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15 julio 2008

Di NO a las drogas y pásame mis pastillas, hijo.

Leo en Mind Hacks que en el diario Las Vegas Sun han publicado un mapa interactivo de las prescripciones de narcóticos en los diferentes territorios de EEUU, y de cómo han ido cambiando desde 1997 hasta 2006.

Por poner un ejemplo veamos qué ha ocurrido en ese periodo con la hidrocodona o, como la llamamos más coloquialmente desde que vemos House M.D., Vicodina:





Y mientras los norteamericanos se drogan legalmente en cuanto su vida se llena de responsabilidades, un informe publicado por su Departamento de Estado bajo el título "Estrategia para el Control Internacional de Narcóticos" asegura que España es el primer país europeo en consumo de cocaína, hachís y drogas de diseño. A veces me pregunto qué es mejor, si ser tonto o ser idiota. Y saben cuál es la respuesta: ser las dos cosas, pero cada una a su debido tiempo. De joven hay que ser revolucionario y ponerse hasta las cejas de cualquier cosa por la que te puedan perseguir y de mayor hay que ir en contra de esas drogas tan malas que pueden matar a nuestros hijos y, para soportar las presiones de nuestra difícil vida cotidiana, tomar las prescritas por nuestro médico hasta que todo nos dé igual.

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Psicología felina: ¿para qué sirve un gato?

Y no me refiero a la ya olvidada, y poco higiénica, función de cazar ratones.

¿En qué nos afecta psicológicamente tener un gato en nuestra vida?

Pues según un estudio realizado con 212 parejas poseedoras de uno, tener un gato alivia las penas pero no ayuda a mejorar nuestra situación anímica. Al parecer en esta última parte, la de la mejora, sólo puede ayudar el compañero o compañera de nuestra misma especie (o uno mismo, supongo).

Más cosas: según un investigador mejicano que ha utilizado para su estudio un procedimiento de estudio similar al utilizado en humanos, que un gato sea un c***** h*** de p*** o una dulce bola de pelo suele ser culpa, o mérito, del dueño. No le echen la culpa a los genes del pobre animal. :-p

Si quieren saber más sobre gatos o perros en este post de PsyBlog tienen un montón de estudios sobre las relaciones de los humanos con estas dos especies.

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